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viernes, 13 de diciembre de 2013










¿Es mi hija lesbiana?


"Vengo en busca de ayuda, me siento confundida con lo que está pasando. El caso es que mi hija mayor por casualidad tomó el celular de su hermana de 17 años y le vio un mensaje que decía “nos vemos donde siempre para estar la tarde juntas”. Ella le preguntó quién le mandaba ese mensaje tan raro, y esta la mandó a callar y le dijo: "ssshhhhhhh… baja la voz, que mi mamá se entera”. Sin embargo, su hermana continúo insistiendo para saber por qué actuaba de esa manera.


Tanto la fastidió que le dijo: “hermana confió en ti, no sé cómo lo vas a tomar pero necesito decírtelo, yo creo que soy lesbiana, desde hace un tiempo me veo con una amiga y siento una fuerte atracción por ella. Esto me tiene nerviosa porque sé que está mal no sé cómo lo vas a tomar tú y sobre todo mi mamá, necesito que me ayudes para que ella me entienda”.

Como ve, esta situación no sé cómo enfrentarla, pues su papá se fue cuando ambas estaban pequeñas y cuento es sólo con mi mamá, pero esto es mucho para mí. ¿Qué hago? "

Relatos como estos son fuertes y hasta dolorosos para cada uno de los miembros del núcleo familiar, pues es una situación insospechada. A menudo es un choque de los padres enterarse de que nuestra “princesa” es homosexual.

Los sentimientos que perturban son muy confusos. Una madre por ejemplo, puede quedarse trastornada al descubrir lo que su hija realmente es. No obstante, otra puede tomar una actitud positiva acogedora y educativa, porque sabe que es la única manera de evitar secuelas irreversibles.

En el caso que nos ocupa, es bueno que la madre y la hermana amplíen sus conocimientos sobre el tema. Tomen tiempo para escuchar y platicar lo que piensa y siente verdaderamente la adolescente para resolver las cosas de la mejor manera. Pues, probablemente, ella esté descubriendo y definiendo su propia sexualidad. Como madres debemos saber, que durante la adolescencia la mayoría de nuestros hijos comienzan a percatarse de sus sentimientos sexuales y se interesan por salir con su pareja.

Muchas adolescentes, no se sienten atraídas físicamente por el sexo masculino, por el contrario le atraen otras mujeres. Asimismo, se van a conseguir con actitudes de rechazo de “amigas” y de otras personas conocidas. Se sentirán como que si no encajan dentro del grupo con el que compartían desde la infancia. Tendrán momentos en que se sentirán inseguras, confusas sobre si son o no lesbianas. Algunos adultos necesitarán tomar un tiempo para digerir la revelación y acostumbrarse a la idea. Otros pensarán que estarían más satisfechos si se les ocultara este tipo de verdad, cuestión que sería peligrosa para la adolescente.

A este respecto, La Asociación Americana de Psicología (APA), en su informe “Resolución sobre Orientación Sexual y Matrimonio” dice lo siguiente: “¡No es ético cambiar la orientación sexual! Las evidencias apoyan que el estigma social, el prejuicio, la discriminación y la violencia asociados con no tener una orientación sexual heterosexual y el ambiente social y hostil y estresante, creado de tal modo, afecta adversamente el bienestar psicológico, físico y social de las personas gay, lesbianas y bisexuales. Dicha situación tienen consecuencias fuertes y acumulativas sobre el bienestar de estas personas”.

De modo que es necesario señalar en este caso, que el hecho de que la adolescente lo haya confiado a su hermana, es una señal de su amor y de apoyo o comprensión que ella necesita tanto de su madre como de su hermana. Después de todo, para la adolescente, ustedes dos forman parte de las figuras más significativas que hay en su vida. Así, que es recomendable responder al apoyo incondicional que ella está necesitando.

Cantidades considerables de lesbianas y gay, comparten relaciones duraderas y estas comunidades prestan un cálido apoyo a sus miembros cuando han reconocido de lleno su orientación sexual, pues este es un reconocimiento y aceptación de sí mismos para dejar los miedos y enfrentar su propia realidad.

jueves, 12 de diciembre de 2013

“Siguiendo ciertas pautas recomendadas por la especialista en orientación familiar, mi marido, mi hija y yo decidimos retirarnos unos días del ambiente tóxico de mi “Gran ciudad” para repotenciar nuestro espíritu. Nos fuimos a Puerto Ordaz, visitamos los Tepuyes y la Gran Sabana. De verdad que Venezuela posee lugares de inconmensurable belleza y con un gran poder de explotación turístico sorprendente.
Estuvimos 20 días en una posada sencilla pero generosa con el visitante. Mi marido nos debía este viaje a mi hija y a mí, pospuesto por mucho tiempo; siempre se atravesaba algo para no hacerlo. Queríamos buscar un poco de tranquilidad, contar con gente agradable que nos permitiera disfrutar de las bondades de cada uno de nosotros. Sinceramente, el viaje nos hacía falta porque nos sentíamos arrastrados por la rutina, por ese ir y venir que ya se marcaba en nuestros rostros, las eternas diligencias que parecían no terminar jamás, el diario tráfico de la ciudad en busca de los caminos verdes. Sí. La consulta nos hizo mucho bien, pues el correcorre diario estaba haciendo mella en nuestras vidas.

Acordamos ejercitar la complicidad entre los dos. Así, por ejemplo, nos turnaríamos al manejar para no cansarnos, que nos detendríamos en lugares que a los tres nos llamara la atención. Realmente fue una experiencia muy singular en todos los sentidos, pero sobre todo cuando nuestra nena se acostaba y nos quedábamos solos hasta las seis de la mañana viendo el amanecer, hablando de proyectos, de las cosas que me desagradaban de él y que me gustaría que no ocurrieran…

Recordamos momentos de cuando nos conocimos, los pocos lugares que frecuentábamos, las veces que me hacía la visita y mi madre estaba como pendiente…Todo estos recuerdos venían a mi memoria y fortalecían nuestra unión, porque a pesar de las dificultades para abrirnos paso, resultó ser un indudable aprendizaje.

 Igualmente, aprendimos a auxiliarnos en lo que pudiéramos. Por ejemplo, hacer el mercado semanal, a veces en los quehaceres de la casa; es decir, a poner nuestro granito de arena; pero siempre y cuando hiciéramos bien lo que más nos gustara. Y, en cuanto a nuestra hija…, compartíamos nuestra responsabilidad.

Creo que la colaboración es una forma de complicidad en las decisiones, porque evita que ninguno de los dos se sobrecargue de oficios y actividades. Creemos que ha sido una buena herramienta para mantener las energías en buen estado. Es como darse cuenta, de que tienes que dar al mismo tiempo que recibes.

Lamentablemente, para muchas parejas de hoy, la unión pareciera decaer con el tiempo, porque alguno de los dos, o ambos, no muestran los atributos de valor, consideración y aprecio que cada uno se merece. Pienso que lo mejor es conversar sobre lo que nos gusta y nos disgusta de cada quien; aunque se piensa que al hacerlo pudiéramos ofender o sembrar sombras de dudas. Hemos aprendido, que comunicarnos es lo mejor para evitar las quejas “¿por qué no lo dije? o ¿porque no lo hice?

 En cuanto a que si mi esposo, pareciera único como compañero; no me atrevería afirmarlo; pero, lo que sí creo, es que igualmente he aportado lo suficiente como para estar satisfecha de mis buenas cualidades como compañera. Es importante reconocer que ambos nos demos el permiso de conversar y disfrutar, lo que nos gusta, antes de dar a conocer lo que nos disgusta. Sé de parejas amigas, que a la menor dificultad, ya no se hablan en muchos días, constantemente discuten y descalifican con groserías o se callan las cosas para no afrontarlas. Creo que el amor no se condiciona, se alimenta con pequeños detalles, se aceptan los altos y bajos, porque todo es aprendizaje; la vida es corta para vivir en constante agonía. Cierto que la relación en pareja es compleja; pero también la soledad desgasta e incomoda. Así, que prefiero vivir en pareja. Yo, como mujer puedo crear detalles importantes y disfrutar cada día con acontecimientos oportunos y juntos construir la felicidad familiar”.

 Testimonios como este llenan hoy en día la esperanza de que exista la fuerza del amor en la pareja que puede abrir un mundo de posibilidades para crecer como persona y dar todo lo que es debido. Enfrentar por ejemplo la coexistencia de otra persona que es diferente a la de nuestros orígenes, constituye una hermosa alianza de comprensión y calor humano en la cual se tiene claro que sí, se pueden construir nuevas historias. Recordar por ejemplo instantes de goce, puede frenar el aburrimiento y horas de complicidad pueden evitar también el tedio.

En este sentido, Albisetti (1994) señala, que se debe respetar y compartir los ritmos de crecimiento de los dos; que se tiene que permitir que cada uno evolucione naturalmente al tratar de conocerlo profundamente. Sin imponerse, sin juzgar, sin invadirlo; sin partir de la idea de querer cambiar al otro; es decir, dándonos cuenta que nuestra pareja pertenece a otro sexo, muy diferente del otro. Si consideráramos actitudes como éstas, probablemente, muchos conflictos de pareja no existirían.

La literatura en el área de las actitudes, dice que las personas llegan a conocer sus propias actitudes y sus estados internos a través de la observación de su propia conducta y de las circunstancias en las cuales éstas ocurren. Sostiene que la persona muchas veces subestima su fuerza de cambiar y de crecer, puesto que tienen la creencia de que son impotentes para el cambio. Esta aseveración, es un mito que se cumple a sí misma y que se ha incorporado al sistema de creencia.

Actitudes positivas como las que describe el anterior relato, es característica de la mujer proactiva; es decir aquella mujer, que tiene la capacidad de crear espacios de encuentro con su pareja, la que reflexiona antes de expresar una opinión; la que su manera de pensar, de sentir y de actuar. Esto, le permite construir constantemente su realidad, empoderándose de nuevos significados en función de los cuales se estructuran actitudes y comportamientos mucho más reflexivos.

Es importante aclarar que todo esto depende de cómo nos aceptemos y actuemos con nuestros propios sentimientos, al igual de cómo corregimos nuestros propios desaciertos. De este modo, resultarán completamente posibles todos los cambios que se requieran hacer para mejorar la vida de la pareja.

viernes, 6 de diciembre de 2013



“Me fui de casa de mis padres hace 17 años con mi actual pareja porque quedé embarazada, en principio todo fue “rosa”. A los nueve meses nació nuestro primer hijo, inmediatamente me embaracé del segundo y cuatro años después nació el último de nuestros hijos. Comprenderá, que no quedó más opción que “cerrar la fábrica”. De allí que me puse a pensar, que aunque los niños estaban pequeños, era tiempo para sacar mi bachillerato. De sólo pensarlo me sentí “renovada”. Sin embargo, cuando se lo dije a mi pareja me respondió riéndose con sarcasmo: “estás loca, ¿Tú crees, que eso es para ti?" Enseguida sentí como que si me hubiesen desgarrado el alma. Tanto así que le grité y lancé un zapato, lamentablemente no se lo atiné. Dos días después decidí reanudar mis estudios, aunque sabía a lo que me enfrentaba. Cada vez que asistía al instituto me veía obligada a escuchar sus gritos, groserías e insultos. Así fue pasando el tiempo y hoy en día poco se mete conmigo, pareciera que reflexionara. Sin embargo, estoy por creer que ya no lo soporto. Imagínese, ayer llegué de clase y al entrar a casa, él me amenazó con un palo de escoba, y que para que dejara de estudiar. Menos mal que los niños estaban durmiendo, porque me dijo que me iba a matar. Pero no sé cómo me le enfrenté, porque le dije: “bueno chico, aquí estoy, yo iré al cementerio y tú irás a la cárcel”. Ahora dime, “¿con quién van a quedar los niños sin madre y sin padre?”. Entonces, el hombre soltó el palo y llorando me dijo: “Negra, no sé qué me pasa”, y se quedó sentado con lagrimas en los ojos. Aproveché el momento y le dije: “Hasta aquí llegamos. Estás acostumbrado a faltarme el respeto como quieres. Nunca se te ha ocurrido ir a ver donde estudio y menos aún saber el ambiente que me gusta. Por eso ya es hora que terminemos esta situación, me siento agotada siempre lo mismo". Así, que desde ese momento, ese hombre está más tranquilo.”

 Hoy en día la mujer comienza a informarse, a sentir y a pensar mucho más en sus emociones,por esto es muy interesante la descripción de este relato. Nos indica que la mujer de hoy está dispuesta a crecer como persona, a crear condiciones para mejorar y a tomar las riendas de su propia vida; desarrollando la conciencia, favoreciendo la autoestima y valorando la madurez de su ingenio.

 Es imperativo que aquellas mujeres que se encuentren en situación de violencia doméstica- tal como la de este relato-, estén conscientes de que ha habido ausencia de parámetros que frenen la violencia doméstica en su hogar. Saber por ejemplo, que actitudes y comportamientos recurrentes como: el irrespeto, los gritos, las groserías, descalificaciones, los celos, la envidia, el engaño, la privación, la manipulación entre otros; son modos significativos de actuar que deterioran y afectan profundamente el equilibrio psíquico, emocional, moral y espiritual de la persona. Desencadenan sentimientos de incapacidad para dar lo mejor de sí misma, lo cual da como resultado: la aflicción, el desconsuelo, la angustia y desesperanza, esto puede dañar drásticamente la salud de cada miembro en la familia. Por lo general,aunque no en todos los casos, la mujer que vive esta situación tiene unos patrones normalizados de crianza relacionados con características de abuso de autoridad y carencia afectiva; además de actitudes rígidas, agresivas, frías e indiferentes, apáticas o sumisas por parte de sus propios padres. Probablemente, estas mujeres violentadas nunca han escuchado una palabra de aliento. Lo único que seguramente han escuchado son gritos y maltratos.

Pareciera que contar con estatutos legales que ayudan a proteger la violencia doméstica no ha sido suficiente para contrarrestar el flagelo. Importantes estudios realizados previamente con mujeres caraqueñas (Jiménez, 2007), asesorías y orientaciones familiares, confirman que existente una estrecha relación entre las actitudes y las manifestaciones de violencia.

Con base a esto, estoy convencida, que en el fondo hay un aspecto muy personal que promueve a la violencia doméstica y esto tiene mucho que ver con las actitudes que cada miembro de familia adopta en la situación de conflicto. Por tanto, es responsabilidad de cada uno de nosotros saber diferenciar una actitud negativa de una positiva para actuar en consecuencia; además de considerar el apoyo de un cuerpo de legislaciones que condenen dicho flagelo.

martes, 3 de diciembre de 2013

“Mi hijo de diez años hace lo que le da la gana porque mi madre me desautoriza frente a él. El problema se inicia cuando frecuentemente le niego los permisos de salida por no cumplir con sus actividades escolares o cuando lo reprendo por su mal comportamiento. De esto mi madre tiene mucho de culpa porque lo complace en todo lo que quiere, ya que desde pequeño lo ha cuidado mientras salgo a trabajar.
Mi pareja ha querido ayudarme aconsejándolo, pero éste le responde: “no te metas conmigo porque tu no eres mi papá”. Es por esto que mi pareja ha dejado de llamarle la atención por su mal comportamiento. Esta situación se sale de mis manos y no hallo qué hacer”.

Casos como estos continúan incrementándose en los consultorios de asesoramiento familiar. Casos de niñas, niños y adolescentes que se resisten a asumir responsabilidades y donde la desesperación de los padres está a flor de piel.
Podemos observar un manejo inoperante de la posición jerárquica de la adherente (abuela) en el grupo familiar, lo que trae como consecuencia: 
a) Manejo inadecuado del orden jerárquico 
b) ejercicio inapropiado del Binomio Autoridad/Afecto 
c) Aplicación no operativa de premios y castigos y 
d) Comunicación inoperante en el núcleo familiar.

Invitar a la pareja a conversar con la abuela, es un aspecto muy necesario. Puede explicarle, por ejemplo, mediante un lenguaje respetuoso y afable que ella representa un gran valor para toda la familia, y que reconocen el papel tan importante que ha ejercido en el cuidado de su nieto a lo largo de todos estos años. Son palabras muy loables y significativas que reflejan el agradecimiento que le tienen. Mostrarse conforme significa mucho para el adulto mayor. 
Sin embargo, como madre, también tienes que aclarar bien sea a la abuela, abuelo, según sea el caso, que para educar a tu hijo es importante que se unifiquen criterios en cuanto a su educación. 
Igualmente, debes indicarle que su integración en la familia ha sido beneficiosa y que por esta razón cuentan con ella preste su aporte, sin llegar a la sobreprotección del niño o niña, para que aplique las normas, los deberes y responsabilidades que su nieto debe observar hacia la jerarquía familiar. 
Esto evita confusiones para el niño y situaciones problemáticas. Asimismo,los padres deben tener paciencia con la abuela, abuelos, tíos..., es decir, familiares adherentes que pueden mostrar resistencia al cambio de actitud que se requiere. Es importante que estos familiares cumplan la alianza con firmeza y de la mejor manera posible. 
La pareja debe tener claro que los niños, niñas y adolescentes pueden distinguir el orden jerárquico que ocupa cada quien en la familia, y saben lo que está y no está permitido. La pareja debe compartir la responsabilidad al ejercer su rol de padre sustituto, intentando transmitir en el menor, firmeza pero también solidaridad y comprensión. Esto puede hacerse a través de un diálogo fraterno y, el niño(a) debe aceptar dicho compartir. 
Los niños necesitan sentirse atendidos y amados por sus padres, y si ese amor no les llega buscarán hacer cualquier cosa para conseguirlo. De este modo, se evita crear una situación de malestar familiar, entendiendo que esto será a través de un proceso atento y consistente. Es recomendable utilizar el reforzamiento positivo como: elogios, obsequios, buen manejo del permiso para la práctica de actividades extraescolares. Esto eleva la autoestima de los niños y afirma la confianza, hasta lograr la aceptación del padre no biológico por parte del menor.

martes, 26 de noviembre de 2013









Hace dos años tuve que trasladarme a otra ciudad para trabajar sobre un nuevo proyecto de ingeniería. Esta situación me llevó mucho más tiempo de lo esperado y viajaba a mi hogar al principio semanalmente, pero luego tuve que hacerlo mensualmente. Me sentía molesto, pues me hacía falta el calor de mi hogar, aunque mi esposa y yo nos comunicábamos a diario. No me gustaba la situación. Así, fueron pasando los días. Llamaba y a veces ella no contestaba y sentía que algo no estaba funcionando bien. Cuando le reclamaba decía que en su celular no aparecían las llamadas y que más bien ella llamaba siempre y la secretaría decía que no estaba cerca, sino en campo trabajando. 
Al cabo de tres 3 meses comencé a sentirla como ausente; aunque sí me preguntaba frecuentemente que cuándo terminaría con ese trabajo. Yo le informaba que pronto. Ella, por su parte decía que estaba molesta, pero que "bueno, que se va hacer". Sinceramente estaba desconcertado, pues en cinco años de matrimonio no comprendía su forma de actuar. Por estas razones pedí permiso a mi jefe para visitarla y saber qué es lo que pasaba. De tanto insistir y en no creer sus argumentos,  me confesó que ella se sentía sola, que se aburría en casa y que se inscribió en un gimnasio para hacer algo diferente, pero que en ese ínterin se encontró con su primer novio.
Éste la invitó a recordar momentos muy agradables y se sintió de nuevo atraída por él. Él le dijo que no se había casado ni tenía una relación seria porque siempre la recordaba. 
Comprenderá cómo me sentí, parecía que estaba hablando con una extraña irresponsable. Ella me aseguró que no hubo intimidad, lloró, me dijo miles de cosas para que no me angustiara. Me pidió perdón, que por favor le creyera que todo había sido un error. Le manifesté que me había engañado, que estaba decepcionado de ella. 
Esto me tiene muy confundido. La cuestión es que yo la sigo amando y ella dice que también; quiero salvar mi matrimonio y no sé cómo lograrlo, puesto, que siento muchos celos.

Por lo general, los celos producen, un estado de alerta y desconfianza permanente, pues la duda y la angustia son compañeros inseparables. Esta situación tiene relación con el apego y el sentido de pertenencia que algunos tienen hacia otras personas; porque en tanto haya un vínculo emocional, existirá en estos casos el miedo a la pérdida. 
Así, se acumulan tensiones, insatisfacciones, que al final provocan el más completo deterioro, tanto para sí mismo como para todos los miembros involucrados, dando como resultado: inseguridad, desconfianza y bajo nivel de autoestima. Estar siempre alertas y en frecuente sospecha de infidelidad puede afectar drásticamente la salud y arruinar la calidad de vida familiar.
Lo ideal es que, después de una profunda revisión a conciencia, ambos muestren honestidad; conversen sinceramente y actúen en consecuencia. Saber que la comunicación es la base fundamental para el bienestar del grupo familiar es esencial. Las dificultades y diferencias, que se dan en la pareja, necesitan conversarse en un clima de respeto y afecto mutuo. Si esa comunicación se da de manera continua, teniendo como meta el bienestar de la pareja y de los hijos, habrá posibilidades de vivir en armonía. 
Muchos conflictos y discordias son más el resultado de lo que piensa el uno del otro, que lo que el otro hace y al no haber diálogo se van acumulando tensiones, desconfianza y frustraciones, que conducen a la separación.
Algunos psicólogos señalan que después de una infidelidad no es siempre recomendable que intenten de nuevo la relación, porque hay ocasiones en que los sentimientos siguen heridos, a pesar de los esfuerzos que se hagan. 
Lo importante es evaluar la relación personal que tiene cada quien con su pareja de una forma auténtica y basada en la comunicación. 





El conflicto se inicia “cuando recibo de mi hija de 9 años la notificación de su maestra de cuarto grado, señalándome que necesitaba hablar conmigo sobre el bajo rendimiento que ésta reportaba en su segundo lapso. Extrañada por la citación,  pregunté a la niña qué sucedía. Ella me respondió llorando y con rabia, que yo tenía la culpa de que su papá se haya divorciado de mí y la haya dejado a ella sola. Por lo que no quise molestarla más, y la dejé que se tranquilizara. Al día siguiente asistí al llamado de la maestra. Ella me informó que había notado desde hace varios días un cambio en el carácter de la niña. Me dijo que a la hora del recreo quiere quedarse sola dentro del salón de clase, no presenta las actividades recomendadas y la ve como ausente; sin ningún interés por lo que hace. Por tal razón, la maestra me preguntó si ella estaba pasando por alguna situación familiar desagradable, ya que su primer lapso fue muy satisfactorio. Mostraba entusiasmo y buena comunicación, tanto con ella como con sus compañeros de clase. Le informé a la maestra que hace pocos días el abogado me notificó que, al fin, había salido el divorcio esperado desde hace 3 años y que mi ex pareja ya lo sabía, pero que en ningún momento se había comunicado conmigo para hablar  con nuestra hija sobre el tema. Es más, le comenté que teníamos un par de meses que no sabíamos de él". 

En este caso existe un manejo inapropiado del rol de padres operativos ante la problemática del divorcio, debido a la ausencia de una comunicación asertiva con la niña para ponerla al tanto de la situación.


Se sugirió a la madre que invitara al padre de su hija a la consulta, a fin de dialogar respecto a la experiencia por la cual estaba pasando la niña. 
Hay que saber que las circunstancias que atravesaba eran para ella dolorosas, y este cambio de actitud es una de las formas de expresar sus sentimientos. Sin embargo, debían hacerle entender que a veces el divorcio es necesario y puede ser la mejor alternativa, aunque a ella le resulte difícil de aceptar. 
Los padres deben saber que algunas separaciones, por su carácter inesperado o violento, ocasionan resentimiento mutuo entre ellos y perjudican a todos los integrantes de la familia. Es importante asumirlo responsablemente, procurando que afecte lo menos posible a los niños, y tratar de lograr acuerdos básicos que los beneficie. 
En estos casos el amor y preocupación hacia los hijos deben ser constantes, más aún si de por medio ya están divorciados. Por tal razón las visitas, por ejemplo, son una gran ayuda. Éstas convienen que sean frecuentes y puntuales. Si en algún momento el padre o la madre no puede cumplir con la cita, debe informarle a los niños, pues la ausencia injustificada les crea desconfianza y malestar. Asimismo, el contacto con la maestra y pediatra debe ser preocupación constante de cada uno. Es necesario equilibrar estas responsabilidades. Las llamadas telefónicas, cartas, regalos, paseos, juegos y afecto de todo tipo, contribuyen a fomentar un clima psicológico lleno de bienestar  y fortalece una relación aún más cercana entre los padres y los hijos.


lunes, 28 de octubre de 2013


Presento este libro con el objeto de aportar soluciones a situaciones que se nos presentan en las relaciones interpersonales que trabajamos en nuestra vida cotidiana. Basados en la idea de que nuestras actitudes son capaces de modificar nuestro entorno y cómo el Otro nos observa e interactua con nosotros, me he planteado presentar varios casos ilustrativos de mis investigaciones con el fin de que cada persona aborde su propia situación y sus circunstancias para llevarlas a un desenlace positivo. De allí el término "Si yo estoy bien, tú estás bien" pues se refiere a esa conexión íntima que se tiene con el otro.

Para lograr estos resultados positivos, la persona tiene que razonar y mostrar respeto, atención, consideración y empatía con base en el afecto -tanto para consigo mismo como para con los demás-. Esta situación, vista como proceso da como resultado ambientes mucho más ricos, llenos de bienestar. Así se ha llegado a encontrar cómo el proceso empático facilita el reconocimiento propio y el reconocimiento del otro.

En este sentido Goleman, en su libro Inteligencia Social (2006) dice que: “expresar empatía a los demás, conlleva a la conexión íntima de los afectos, deseos, sentimientos y necesidades más profundas, lo que hace doblegar el orgullo y la jactancia, que invalida toda cosa buena que está muy dentro de nosotros”. Por eso, si manejamos esta visión existencial “Si yo estoy bien, tú estás bien, aunada a la popular premisa “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”, no seremos víctimas ni victimarios, porque fomentaremos actitudes de seguridad y bienestar emocional y social.

Esto puede considerarse como valor agregado para nuestra salud y bienestar, ya que al generar actitudes positivas, buscamos el fortalecimiento de nuestra vida y nuestro entorno. 

Ahora bien. ¿Cómo es posible que nuestra propia actitud predisponga a otros a tratarnos de una u otra forma? Bien, durante años de experiencia en el área de asesoramiento, orientación familiar e investigaciones recientes, he podido percibir que muchos de los miembros de familias en conflicto están distanciados de sus propias reacciones frente a ciertos eventos que acontecen entre sus seres queridos, y aún más de su entorno, cuestión que afecta la estabilidad psíquica, moral, emocional y espiritual de cada integrante de la familia. 

En el libro se muestran historias contadas por sus propios actores para ilustrarnos situaciones que cualquiera de nosotros puede o pudo haber vivido en algún momento. 

El caso de la hija menospreciada

 Se trata de una familia monogámica de padres biológicos donde la madre solicita ayuda debido a que manifiesta, que en el hogar hay  conflictos de relación padre/ hija, que ha lesionado profundamente a todos los miembros del grupo familiar. La madre reporta, que esta situación la ha  generado su esposo, debido a la actitud “necia y estúpida”, de no terminar de entender “que las hijas son completamente diferentes una de otra”.

Dice la madre, que el conflicto se inicia, cuando la hija menor de la familia, reprueba matemática, y por esto no podrá graduarse de bachiller. El padre al saber la situación, la reprende duramente, delante de todos, gritándole “que era bruta y retraída”, que lo tenía decepcionado. 

Este modo de tratarla ocurre cada vez que la adolescente trae alguna calificación o se equivoca en algo. Reporta la madre, que esta actitud “testaruda”, ha afectado mucho a su hija, ya que desde ese día mantiene una actitud errática, como de abandono hacia sí misma, hasta el punto que debe obligarla para que vaya al instituto; se encierra en su cuarto y dice que no quiere ir. El padre, ha hecho caso omiso de la situación, de ahí la preocupación de la madre, por no saber qué hacer. Se puede apreciar en este caso, como la privación o negación afectiva en sus distintas formas, la ausencia de diálogo claro; el predominio de los celos, la autoridad mal entendida; la subestimación del otro, la ausencia de atención, los  abusos de todo tipo y el maltrato; ha hecho estragos en lo más profundo de los sentimientos de esta adolescente, lo cual anula el sentido de pertenencia y la posibilidad de enmendar actitudes indeseables. 

Se puede apreciar que existe un manejo no operativo del binomio Autoridad/Afecto por parte del padre; quien cae en el “autoritarismo” al presionar constantemente a UM para que mejore sus calificaciones; ya que si estas son bajas manifiesta no quererla con demostraciones de afectos desagradables. En este sentido, el padre condiciona el afecto y esto atenta contra la personalidad y desarrollo de la capacidad de tolerar  frustraciones; además de desencadenar grandes conflictos tanto en lo personal, familiar y social; ya que podemos llegar a formar adolescentes con actitudes sumisas, tímidas, inseguros, evasivos, malcriados y escapistas. Inhibidores sociales, que para muchos es un obstáculo que impide concretar sus objetivos y alcanzar con éxito lo deseado; aunque para otros, es un rasgo permanente de su carácter. 

Para la psicología, lo retraído o tímido, es un factor que inhibe socialmente, suele tener su origen en un bajo nivel de autoestimación. Se manifiesta internamente como una sensación de inseguridad y vergüenza, y se expresa a través de la incomunicación que obstaculiza el desarrollo de las habilidades interpersonales. Los  inhibidores sociales “matan” la confianza personal, por lo general sobrevaloran y temen la opinión de los demás. Por esta razón, los padres  están obligados a estar  atentos y expresar su afecto a todos por igual a través de caricias, elogios y abrazos, una palabra generosa; esto brinda seguridad y estabilidad en las hijas e hijos, incurrir en no ejercer operativamente estos principios; refuerza la actitud inestable de la adolescente y a todos los miembros del núcleo, causando daño a su autoestima y malestar a toda la familia. 

Así, vemos ausencia de  diálogo, debido a que el padre como emisor le envía a la adolescente UM, mensajes reforzadores de agresividad verbal y no verbal, lo que afecta las buenas relaciones entre sus miembros. Por el contrario, la madre brinda la mayor comprensión cuando comunica de manera funcional y ofrece apoyo mediante frases consoladoras, como: “sé que tu puedes si practicas y te lo propones” o “sabes que te amo, pases o no matemática, eso, no cambiará”; lo que indica que tiene una posición más justa y clara sobre sus sentimientos. La madre dice, que: “actualmente las discusiones y críticas entre la pareja, ha ido en incremento, lo que ha llegado a incidir negativamente en el encuentro sexual a tal punto que cuando él, llega del trabajo ni siquiera nos saludamos”. La madre manifiesta que: “lo malo de todo esto es que cada día que pasa nuestra relación es más fría y se empaña aún más”, “pero…, pareciera que a él, no le importara…”, “amanece y cada quien por su lado. 

Se aprecia, cómo una actitud negativa, fomenta la desigualdad entre las hijas, debido al manejo inadecuado de la adolescencia, a la aplicación no operativa de premios y castigos, a una comunicación inoperante, a una ausencia en el orden jerárquico y un  desconocimiento del rol de padre operativo. 

De manera que el curso de la sesión se orientó como sigue: En la primera sesión, se invito a la madre y al padre a conocer y ejercitar constantemente el Binomio Autoridad/Afecto; es decir, buscar el equilibrio, mediante su buen manejo y no caer en el autoritarismo; esto significa, darse cuenta, que la autoridad, es el derecho que se otorga a los padres, con fundamento para ejercerlo, no se negocia; sin embargo, hay que tener cuidado con el abuso o establecimiento de preferencias dentro de los miembros de la familia. El favoritismo, el chantaje y la contradicción son actitudes negativas que inhiben la confianza y fomentan la desigualdad, porque lesiona los sentimientos de la persona. Se aclaró, que si alguien de la familia mereciera ser premiada y otra no, puede hacerse; aunque ello no significa intimidar a la otra; sino que es haber ganado mérito por cumplimiento de su deber. Asimismo, en la familia hay que promover actitudes agradables de afecto (amor, cariño, cordialidad, etc.) con regularidad que eviten promover actitudes desagradables (antipatía, rabia, tristeza, odio…)  para lograr un clima de comprensión. 

Esto, permite una respuesta de amor, respeto, consideración y una clara comunicación entre padres e hijos, lo cual hará que el grupo familiar establezca seguridad, respecto a sus emociones. Condicionar o limitar el afecto es sumamente peligroso. Por eso, debemos evitar decir por ejemplo: “Si pasas matemática te querré más”. Ello acorrala la confianza. A cada hija o hijo se quiere por lo que es, porque tiene el derecho de amar y ser amado. El afecto se construye y se alimenta día a día para mantenerlo. Por tanto, papá y mamá, les corresponde entonces decir, por ejemplo: “Tú sabes que te amo, por eso quiero el bien para ti; ello me obliga aplicar una sanción ante la actitud y comportamiento que tienes”. “Esto no quiere decir que no te ame, si te comportas mal, sólo que debo asumir mi responsabilidad y tú debes aceptarlo con respeto. 
Aquí, se muestra afecto y no abuso; lo cual obliga a mantener el orden y la disciplina familiar con claridad; lo cual fue interesante para lograr modificar la actitud, calificada por su esposa de: “necia y estúpida” del padre, en el motivo de consulta. 
Las hijas e hijos que reciben constantes regaños se sentirán cohibidos, tristes y humillados o desobedecerán ante tanta impunidad, reforzando actitudes déspotas y siendo aún más transgresores. Los progenitores están dados a conocer los cambios biopsicosociales de la adolescencia como parte del desarrollo natural del ser humano.

 Estar conscientes de que todos pasamos por esa etapa y que necesitamos demostrar afecto de muchas maneras (respetar gustos, intereses, escucharlos, darles el trato amable que se merecen, darle importancia a sus vivencias y a sus necesidades, etc.), es decir, dar el espacio emocional esperado.

Para que un adolescente proceda de manera comprometida, precisa detectar todos los aspectos necesarios de cada vivencia y no sólo los que le competen. Asimismo, estar consciente de los  puntos de vista de las demás personas, de tal modo, que la toma de decisión que haga esté influido por las necesidades, derechos y responsabilidades de todos los implicados. 

Saber que los adolescentes frecuentemente cambian su vocabulario, su forma de ser para expresar su independencia y que muchos, se distancian de sus padres; son requisitos primordiales para estar atentos a la reciprocidad. Por eso, es necesaria una actitud comprensiva, cordial y abierta a los cambios, lo cual depende del bienestar biopsicosocial, moral y espiritual en todas las etapas de desarrollo; lo que significa, tener cuidado con el abuso o establecimiento de preferencias dentro de los miembros de la familia. 

Como Orientadora familiar estas experiencias son de vital importancia, porque gracias a ella, nos damos cuenta, que cada quien determina sus propios rasgos de personalidad y se ubica de manera relacional con respecto al todo social, en gran parte de sus propósitos y valores. Lo cual confirma, la premisa de la teoría social cognitiva, cuando dice que en el contexto social en el que viven y se desarrollan las personas es determinante en la formación de actitudes y conductas, en este sentido papá y mamá son agentes significativos de socialización para sus hijos e hijas y el ambiente del hogar es el primer ambiente propicio para: observar, experimentar, conocer, y aprender ejemplos de amor, fraternidad; que fortalezcan vínculos de las primeras relaciones interpersonales. De ahí que una orientación afectiva desde temprana edad, es particularmente esencial, porque refuerza potencialidades con características más humanas.
Por tanto, cada día me convenzo más de que las actitudes influyen de algún modo, porque  tienen el poder de transformar nuestras vidas, ya sea  para bien o para mal.  Puede pensarse que al darnos cuenta y saber dirigir nuestras impresiones de manera más apropiada, probablemente las relaciones con nuestros semejantes, sean más satisfactorias, por cuanto, el significado de nuestras experiencias se tornará mucho más grato, pudiendo entonces, disfrutar de nuestro bienestar.
Se sabe que la persona al no estar sana en su integralidad, mantiene una actitud testaruda, antisocial, conflictiva, egoísta e infeliz, y le cuesta desarrollar sentimientos de sensibilidad humana. Lamentablemente, estas actitudes negativas,son el resultado de experiencias personales, que la dominan y no han sido superadas.

Si yo estoy bien, tú estás bien.
Es así, como desde la perspectiva de la psicología social, se estudia la actitud de los seres humanos para predecir las posibles conductas. Por ejemplo, cuando observamos la actitud de una persona, es posible prever su modo de reaccionar, lo que significa que cuando alguien adopta, una actitud agresiva o defensiva, se predispone de una manera particular ante las interacciones. Por tanto, la actitud cumple diversas funciones en la vida social, de ahí que estas sean una motivación social, más que una motivación biológica, que permite adaptarnos mejor al entorno en un intento por minimizar los conflictos. Es bueno saber que una misma situación la podemos afrontar, de una manera muy distinta según la forma como elijamos manejarla. 
En consecuencia, si queremos modificar actitudes que no van de acuerdo con lo que deseamos, es importante que diferenciemos una actitud positiva de  actitud negativa. La actitud positiva, es aquella que contribuye o colabora, con el buen comportamiento de la persona para enfrentar la realidad de una manera más sana y efectiva; por el contrario, la actitud negativa, es aquella forma de responder que dificulta las relaciones con los demás. Esto significa, entonces, que en el fondo hay un aspecto muy personal que promueve la actitud, sea esta positiva o negativa, lo cual genera ambientes agradables o desagradables, con la familia, la pareja, los amigos, el medio laboral, político y social.
Ahora bien, esta posición existencial“si yo estoy bien, tú estás bien”, está inspirada en la teoría de Análisis Transaccional de Eric Berne (1976), científico en el campo de la psicoterapia, quien es señalado como el cirujano de la psiquis humana. Su teoría, permite comprender, por qué actuamos de una manera determinada y cómo provocamos en los demás una reacción dada.  Esta reacción no sólo nos hace conocernos a nosotros mismos, sino que nos hace reflexionar y darnos cuenta de que esas distintas maneras de sentir pueden ser orientadas de la mejor manera posible,  para que funcionen a nuestro favor, en cada momento particular y social de nuestra vida. Dice, que la persona desde que nace, es fundamentalmente relacional, y que de hecho necesita ser educada con una relación de amor desde su familia -ámbito perfecto, para dar seguridad y bienestar-, si se proporciona a los hijos la oportunidad de dar apoyo, de ser escuchados y reconocidos.
Cuando la persona desde su infancia se sitúa en estas condiciones, se le facilita el acceso a los logros y a su autorrealización. Esta teoría, se concentra en las interacciones de unas personas con otras y en el cambio de estas interacciones para la solución de problemas emocionales. Todos tenemos un cierto potencial humano que podemos desarrollar generando actitudes comprensivas y valiosas, que sirven para enfrentarnos a todos los estímulos ambientales, sin importar cuan difíciles sean éstos, porque somos responsables de nuestra propia vida para actuar a través de nuestras propias decisiones.
De modo, que es interesante, saber que las historias descritas en el libro “Si yo estoy bien, tú estás bien, aunado a la popular premisa: “no hagas a nadie, lo que no quieres que te hagan a ti”, surge de la necesidad de ayudar a todas aquellas personas que al compartir sus experiencias personales conmigo, buscaban la mejor manera de afrontar sus dificultades personales, por tanto agradezco a todas aquellas personas que depositaron en mí toda su confianza  al narrar sus propias historias y que hoy en día enriquecen a este libro. 

Se encontrará también en el libro testimonios de mujeres, madres, sometidas a violencia doméstica y las actitudes, y de cómo estas, afectaban profundamente el comportamiento de los hijos e hijas. Asimismo, el rendimiento escolar de muchos de mis estudiantes, que para esa época estuvieron involucrados en dicha experiencia. 



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