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miércoles, 8 de enero de 2014

“Me crié en un ambiente familiar bastante afectivo. Tanto mi hermano como yo tuvimos siempre el apoyo de nuestros padres. Ellos poseían la facultad de ayudar en lo que podían a todos los que conocían; nos decían que había que fomentar el buen trato entre los vecinos y que estos no se debían tocar “ni con el pétalo de una rosa”, que había que tener siempre la disposición de agradar a todos. También decían que ayudar a otros era un valor muy importante. Nos enseñaron a tener lo necesario para sentirnos satisfechos. Por el buen gusto de mi madre aprendí a comprar cosas de buena calidad y creo que todo lo que tengo me lo he ganado con voluntad y esfuerzo de mi trabajo.

 Resulta que algunas de mis primas y amigas están acostumbradas a ir a mi casa a pedir prestado cosas como: carteras, zapatos, algunas faldas, chaquetas o pantalones, ya que dicen que no tienen tanta plata para llegar a comprar cosas tan caras como las mías, y aunque las he prestado de buen gusto; me las devuelven sucias o deterioradas, por lo que muchas veces me he sentido indignada. Uno de eso días les reclamé de buena manera que me sentía molesta por su desconsideración para conmigo y les dije que por lo menos me entregaran las piezas limpias y en un tiempo prudencial, puesto que tenía que pedírselas meses después debido a que no me las regresaban.

El caso es que dos de mis primas y tres de mis “mejores” amigas con las que siempre salía a divertirme me dejaron de tratar y me he sentido mal por sus comentarios malsanos; aunque por supuesto esto lo puedo superar porque la situación me ha servido para entender que en muchos momentos hay que poner límites y esto probablemente sea mi mayor dificultad. De verdad que no entiendo a este tipo de personas tan desconsideradas. Piensan que uno debe aguantar todas sus impertinencias. Me gustaría saber cómo tratarlas, pues se topa uno con este tipo de gente por todas partes".

El relato anterior nos deja entrever cómo a veces nuestras relaciones con los demás pueden comprometer profundamente nuestros propios sentimientos. Cada persona de acuerdo a su conformación mental, ética, moral y espiritual asume una serie de condiciones y valías consideradas básicas para manejarse -lo mejor posible- dentro de su entorno. Estas valías implican: el respeto, la responsabilidad, la honestidad, el compromiso, la consideración, la reciprocidad entre otras, tanto para consigo misma como para los demás.

Vemos que en el relato la joven describe un buen marco referencial sobre los valores heredados de su núcleo familiar. Estos valores le permiten saber apreciar lo bueno y lo malo de cada situación, y esto influye a su vez en el desarrollo de una buen autoestima, lejos de agentes que puedan erosionar. Sin embargo, es importante que esta joven y cualquier otra persona lleguen a comprender que ciertos valores de convivencia, no coexisten por igual en el esquema mental de mucha gente, porque los valores no se pueden imponer, sino que nacen de la propia esencia de la persona.Surgen espontáneamente.
Es bueno comprender que respetar a alguien es tratarlo con decencia o dignidad, una dignidad propia que requiere del comportamiento adecuado de los demás. Asimismo, el respeto exige también un trato amable o cortés, y  las faltas de respeto intencionales cometidas por familiares, amigas y otras personas a nuestro alrededor no se deben permitir bajo ningún concepto porque son injustas.

Es bueno que desarrollemos la capacidad de darnos cuenta hasta dónde puede una persona ceder ante los demás al poner freno a conductas fuera de lugar. Nuestra autonomía y dignidad no deben ser comprometidas. Conocer que tenemos el derecho de no aceptar ciertas demandas de otros y que nadie puede arrebatarnos este derecho, nos hará sentir satisfechos(as) y sin temores debido a que el concepto que tengamos, por ejemplo, de respeto y responsabilidad, orientará parte de nuestras conductas y la valoración moral que realizamos de las conductas propias y de los demás.

Aceptar las normas, ser respetuosos y responsables dependerá de las interacciones sociales que hayamos desarrollado con nuestros padres desde la niñez; es decir, cuando nuestros padres, por ejemplo, nos enseñaban ciertas normas como el respeto mutuo, y nos ayudaban a aprenderlas, estaban cultivando en nosotros acciones proactivas para manejar de la mejor manera posible nuestras relaciones interpersonales. Tomar el control y manejar con tacto nuestras fortalezas y debilidades son claves para el desempeño de cada rol en nuestras vidas.

Vera y otros tratan este tema y señalan que hay que poner límites a algunas personas de nuestro medio. Para ello sugieren ciertos pasos :

  1.  Primeramente decidiremos si estamos dispuestos o no a emprender las acciones del caso.
  2.  Identificamos el evento que nos está molestando.
  3.  Aseguremos quiénes son las personas involucradas, con quiénes necesitamos aclarar las cosas a solas, el modo de dirigirnos, cómo podremos expresarnos, qué y cómo le diremos al otro lo que esperamos de él o ella y si nos mantendremos firmes y consecuentes.
  4.  Apreciemos lo positivo y negativo, y sus posibles consecuencias, pues tenemos el control. Igualmente, debemos tener en cuenta que una de esas personas a quiénes debes poner límites somos nosotros.
  5.  Sólo nosotros decidimos que permitiremos qué va a ocurrir (estando o no presentes) y asegurarnos que esto se cumpla
  6.  Imaginemos diferentes posibilidades de solución al generar acuerdos asertivos y afectuosos a través del dialogo explicativo para que las personas involucradas se sientan emocionalmente correspondidas y confiadas.


viernes, 13 de diciembre de 2013










¿Es mi hija lesbiana?


"Vengo en busca de ayuda, me siento confundida con lo que está pasando. El caso es que mi hija mayor por casualidad tomó el celular de su hermana de 17 años y le vio un mensaje que decía “nos vemos donde siempre para estar la tarde juntas”. Ella le preguntó quién le mandaba ese mensaje tan raro, y esta la mandó a callar y le dijo: "ssshhhhhhh… baja la voz, que mi mamá se entera”. Sin embargo, su hermana continúo insistiendo para saber por qué actuaba de esa manera.


Tanto la fastidió que le dijo: “hermana confió en ti, no sé cómo lo vas a tomar pero necesito decírtelo, yo creo que soy lesbiana, desde hace un tiempo me veo con una amiga y siento una fuerte atracción por ella. Esto me tiene nerviosa porque sé que está mal no sé cómo lo vas a tomar tú y sobre todo mi mamá, necesito que me ayudes para que ella me entienda”.

Como ve, esta situación no sé cómo enfrentarla, pues su papá se fue cuando ambas estaban pequeñas y cuento es sólo con mi mamá, pero esto es mucho para mí. ¿Qué hago? "

Relatos como estos son fuertes y hasta dolorosos para cada uno de los miembros del núcleo familiar, pues es una situación insospechada. A menudo es un choque de los padres enterarse de que nuestra “princesa” es homosexual.

Los sentimientos que perturban son muy confusos. Una madre por ejemplo, puede quedarse trastornada al descubrir lo que su hija realmente es. No obstante, otra puede tomar una actitud positiva acogedora y educativa, porque sabe que es la única manera de evitar secuelas irreversibles.

En el caso que nos ocupa, es bueno que la madre y la hermana amplíen sus conocimientos sobre el tema. Tomen tiempo para escuchar y platicar lo que piensa y siente verdaderamente la adolescente para resolver las cosas de la mejor manera. Pues, probablemente, ella esté descubriendo y definiendo su propia sexualidad. Como madres debemos saber, que durante la adolescencia la mayoría de nuestros hijos comienzan a percatarse de sus sentimientos sexuales y se interesan por salir con su pareja.

Muchas adolescentes, no se sienten atraídas físicamente por el sexo masculino, por el contrario le atraen otras mujeres. Asimismo, se van a conseguir con actitudes de rechazo de “amigas” y de otras personas conocidas. Se sentirán como que si no encajan dentro del grupo con el que compartían desde la infancia. Tendrán momentos en que se sentirán inseguras, confusas sobre si son o no lesbianas. Algunos adultos necesitarán tomar un tiempo para digerir la revelación y acostumbrarse a la idea. Otros pensarán que estarían más satisfechos si se les ocultara este tipo de verdad, cuestión que sería peligrosa para la adolescente.

A este respecto, La Asociación Americana de Psicología (APA), en su informe “Resolución sobre Orientación Sexual y Matrimonio” dice lo siguiente: “¡No es ético cambiar la orientación sexual! Las evidencias apoyan que el estigma social, el prejuicio, la discriminación y la violencia asociados con no tener una orientación sexual heterosexual y el ambiente social y hostil y estresante, creado de tal modo, afecta adversamente el bienestar psicológico, físico y social de las personas gay, lesbianas y bisexuales. Dicha situación tienen consecuencias fuertes y acumulativas sobre el bienestar de estas personas”.

De modo que es necesario señalar en este caso, que el hecho de que la adolescente lo haya confiado a su hermana, es una señal de su amor y de apoyo o comprensión que ella necesita tanto de su madre como de su hermana. Después de todo, para la adolescente, ustedes dos forman parte de las figuras más significativas que hay en su vida. Así, que es recomendable responder al apoyo incondicional que ella está necesitando.

Cantidades considerables de lesbianas y gay, comparten relaciones duraderas y estas comunidades prestan un cálido apoyo a sus miembros cuando han reconocido de lleno su orientación sexual, pues este es un reconocimiento y aceptación de sí mismos para dejar los miedos y enfrentar su propia realidad.

martes, 19 de noviembre de 2013



"Soy madre de dos hermosas nenas, una de dos años y otra de cuatro años de edad. Me angustio cuando mi hija menor frecuentemente golpea a su hermana mayor, y ésta siempre se va en llanto. Esto pareciera que lo disfrutara. Cada vez que la niña menor abusa de su hermana la reprendo fuertemente y muchas veces hasta le doy nalgadas; aunque esto me desagrada, pero ya no encuentro como tratarla para que entienda que tiene que respetar a su hermana.
Lo que me preocupa en sí, es que la niña pareciera no importarle, porque sigue con la misma actitud agresiva hacia su hermana cada vez que inician un juego. Por esta razón necesito estrategias para que mejoren las relaciones entre ellas".


Primero que nada es importante que la madre o el padre intente relajarse para que baje sus niveles de angustia y pueda orientar a sus hijas con eficacia. Ellos necesitan saber que el castigo que utilizaba con la niña menor no es recomendable, porque al dar nalgadas a la niña envía un mensaje agresor que es totalmente contradictorio con lo que quiere transmitir. La niña menor no entenderá cómo es que no debe pegarle a la hermana si su madre le pega a ella. Además cuando utiliza la misma técnica de la nalgada - que ya no hace efecto-; la niña podría utilizar esta situación como una forma de captar atención y de tener a la madre a su disposición. 

Es necesario actuar entonces, con un alto sentido de responsabilidad, amor, firmeza y  serenidad. Decir a la pequeña que a su hermana le duele lo que le hace, y hacer gestos de dolor, para que la niña identifique la emoción. Asimismo, explicarle que no tiene permiso de pegarle, que a ella le molesta mucho lo que le hace a su hermana. Seguro que mediante estas advertencias, la niña entenderá que no debe seguir actuando de la misma manera con su hermana, sobre todo si los padres son perseverantes con este tipo de educación.

lunes, 28 de octubre de 2013


Presento este libro con el objeto de aportar soluciones a situaciones que se nos presentan en las relaciones interpersonales que trabajamos en nuestra vida cotidiana. Basados en la idea de que nuestras actitudes son capaces de modificar nuestro entorno y cómo el Otro nos observa e interactua con nosotros, me he planteado presentar varios casos ilustrativos de mis investigaciones con el fin de que cada persona aborde su propia situación y sus circunstancias para llevarlas a un desenlace positivo. De allí el término "Si yo estoy bien, tú estás bien" pues se refiere a esa conexión íntima que se tiene con el otro.

Para lograr estos resultados positivos, la persona tiene que razonar y mostrar respeto, atención, consideración y empatía con base en el afecto -tanto para consigo mismo como para con los demás-. Esta situación, vista como proceso da como resultado ambientes mucho más ricos, llenos de bienestar. Así se ha llegado a encontrar cómo el proceso empático facilita el reconocimiento propio y el reconocimiento del otro.

En este sentido Goleman, en su libro Inteligencia Social (2006) dice que: “expresar empatía a los demás, conlleva a la conexión íntima de los afectos, deseos, sentimientos y necesidades más profundas, lo que hace doblegar el orgullo y la jactancia, que invalida toda cosa buena que está muy dentro de nosotros”. Por eso, si manejamos esta visión existencial “Si yo estoy bien, tú estás bien, aunada a la popular premisa “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”, no seremos víctimas ni victimarios, porque fomentaremos actitudes de seguridad y bienestar emocional y social.

Esto puede considerarse como valor agregado para nuestra salud y bienestar, ya que al generar actitudes positivas, buscamos el fortalecimiento de nuestra vida y nuestro entorno. 

Ahora bien. ¿Cómo es posible que nuestra propia actitud predisponga a otros a tratarnos de una u otra forma? Bien, durante años de experiencia en el área de asesoramiento, orientación familiar e investigaciones recientes, he podido percibir que muchos de los miembros de familias en conflicto están distanciados de sus propias reacciones frente a ciertos eventos que acontecen entre sus seres queridos, y aún más de su entorno, cuestión que afecta la estabilidad psíquica, moral, emocional y espiritual de cada integrante de la familia. 

En el libro se muestran historias contadas por sus propios actores para ilustrarnos situaciones que cualquiera de nosotros puede o pudo haber vivido en algún momento. 

El caso de la hija menospreciada

 Se trata de una familia monogámica de padres biológicos donde la madre solicita ayuda debido a que manifiesta, que en el hogar hay  conflictos de relación padre/ hija, que ha lesionado profundamente a todos los miembros del grupo familiar. La madre reporta, que esta situación la ha  generado su esposo, debido a la actitud “necia y estúpida”, de no terminar de entender “que las hijas son completamente diferentes una de otra”.

Dice la madre, que el conflicto se inicia, cuando la hija menor de la familia, reprueba matemática, y por esto no podrá graduarse de bachiller. El padre al saber la situación, la reprende duramente, delante de todos, gritándole “que era bruta y retraída”, que lo tenía decepcionado. 

Este modo de tratarla ocurre cada vez que la adolescente trae alguna calificación o se equivoca en algo. Reporta la madre, que esta actitud “testaruda”, ha afectado mucho a su hija, ya que desde ese día mantiene una actitud errática, como de abandono hacia sí misma, hasta el punto que debe obligarla para que vaya al instituto; se encierra en su cuarto y dice que no quiere ir. El padre, ha hecho caso omiso de la situación, de ahí la preocupación de la madre, por no saber qué hacer. Se puede apreciar en este caso, como la privación o negación afectiva en sus distintas formas, la ausencia de diálogo claro; el predominio de los celos, la autoridad mal entendida; la subestimación del otro, la ausencia de atención, los  abusos de todo tipo y el maltrato; ha hecho estragos en lo más profundo de los sentimientos de esta adolescente, lo cual anula el sentido de pertenencia y la posibilidad de enmendar actitudes indeseables. 

Se puede apreciar que existe un manejo no operativo del binomio Autoridad/Afecto por parte del padre; quien cae en el “autoritarismo” al presionar constantemente a UM para que mejore sus calificaciones; ya que si estas son bajas manifiesta no quererla con demostraciones de afectos desagradables. En este sentido, el padre condiciona el afecto y esto atenta contra la personalidad y desarrollo de la capacidad de tolerar  frustraciones; además de desencadenar grandes conflictos tanto en lo personal, familiar y social; ya que podemos llegar a formar adolescentes con actitudes sumisas, tímidas, inseguros, evasivos, malcriados y escapistas. Inhibidores sociales, que para muchos es un obstáculo que impide concretar sus objetivos y alcanzar con éxito lo deseado; aunque para otros, es un rasgo permanente de su carácter. 

Para la psicología, lo retraído o tímido, es un factor que inhibe socialmente, suele tener su origen en un bajo nivel de autoestimación. Se manifiesta internamente como una sensación de inseguridad y vergüenza, y se expresa a través de la incomunicación que obstaculiza el desarrollo de las habilidades interpersonales. Los  inhibidores sociales “matan” la confianza personal, por lo general sobrevaloran y temen la opinión de los demás. Por esta razón, los padres  están obligados a estar  atentos y expresar su afecto a todos por igual a través de caricias, elogios y abrazos, una palabra generosa; esto brinda seguridad y estabilidad en las hijas e hijos, incurrir en no ejercer operativamente estos principios; refuerza la actitud inestable de la adolescente y a todos los miembros del núcleo, causando daño a su autoestima y malestar a toda la familia. 

Así, vemos ausencia de  diálogo, debido a que el padre como emisor le envía a la adolescente UM, mensajes reforzadores de agresividad verbal y no verbal, lo que afecta las buenas relaciones entre sus miembros. Por el contrario, la madre brinda la mayor comprensión cuando comunica de manera funcional y ofrece apoyo mediante frases consoladoras, como: “sé que tu puedes si practicas y te lo propones” o “sabes que te amo, pases o no matemática, eso, no cambiará”; lo que indica que tiene una posición más justa y clara sobre sus sentimientos. La madre dice, que: “actualmente las discusiones y críticas entre la pareja, ha ido en incremento, lo que ha llegado a incidir negativamente en el encuentro sexual a tal punto que cuando él, llega del trabajo ni siquiera nos saludamos”. La madre manifiesta que: “lo malo de todo esto es que cada día que pasa nuestra relación es más fría y se empaña aún más”, “pero…, pareciera que a él, no le importara…”, “amanece y cada quien por su lado

Se aprecia, cómo una actitud negativa, fomenta la desigualdad entre las hijas, debido al manejo inadecuado de la adolescencia, a la aplicación no operativa de premios y castigos, a una comunicación inoperante, a una ausencia en el orden jerárquico y un  desconocimiento del rol de padre operativo. 

De manera que el curso de la sesión se orientó como sigue: En la primera sesión, se invito a la madre y al padre a conocer y ejercitar constantemente el Binomio Autoridad/Afecto; es decir, buscar el equilibrio, mediante su buen manejo y no caer en el autoritarismo; esto significa, darse cuenta, que la autoridad, es el derecho que se otorga a los padres, con fundamento para ejercerlo, no se negocia; sin embargo, hay que tener cuidado con el abuso o establecimiento de preferencias dentro de los miembros de la familia. El favoritismo, el chantaje y la contradicción son actitudes negativas que inhiben la confianza y fomentan la desigualdad, porque lesiona los sentimientos de la persona. Se aclaró, que si alguien de la familia mereciera ser premiada y otra no, puede hacerse; aunque ello no significa intimidar a la otra; sino que es haber ganado mérito por cumplimiento de su deber. Asimismo, en la familia hay que promover actitudes agradables de afecto (amor, cariño, cordialidad, etc.) con regularidad que eviten promover actitudes desagradables (antipatía, rabia, tristeza, odio…)  para lograr un clima de comprensión. 

Esto, permite una respuesta de amor, respeto, consideración y una clara comunicación entre padres e hijos, lo cual hará que el grupo familiar establezca seguridad, respecto a sus emociones. Condicionar o limitar el afecto es sumamente peligroso. Por eso, debemos evitar decir por ejemplo: “Si pasas matemática te querré más”. Ello acorrala la confianza. A cada hija o hijo se quiere por lo que es, porque tiene el derecho de amar y ser amado. El afecto se construye y se alimenta día a día para mantenerlo. Por tanto, papá y mamá, les corresponde entonces decir, por ejemplo: “Tú sabes que te amo, por eso quiero el bien para ti; ello me obliga aplicar una sanción ante la actitud y comportamiento que tienes”. “Esto no quiere decir que no te ame, si te comportas mal, sólo que debo asumir mi responsabilidad y tú debes aceptarlo con respeto. 
Aquí, se muestra afecto y no abuso; lo cual obliga a mantener el orden y la disciplina familiar con claridad; lo cual fue interesante para lograr modificar la actitud, calificada por su esposa de: “necia y estúpida” del padre, en el motivo de consulta
Las hijas e hijos que reciben constantes regaños se sentirán cohibidos, tristes y humillados o desobedecerán ante tanta impunidad, reforzando actitudes déspotas y siendo aún más transgresores. Los progenitores están dados a conocer los cambios biopsicosociales de la adolescencia como parte del desarrollo natural del ser humano.

 Estar conscientes de que todos pasamos por esa etapa y que necesitamos demostrar afecto de muchas maneras (respetar gustos, intereses, escucharlos, darles el trato amable que se merecen, darle importancia a sus vivencias y a sus necesidades, etc.), es decir, dar el espacio emocional esperado.

Para que un adolescente proceda de manera comprometida, precisa detectar todos los aspectos necesarios de cada vivencia y no sólo los que le competen. Asimismo, estar consciente de los  puntos de vista de las demás personas, de tal modo, que la toma de decisión que haga esté influido por las necesidades, derechos y responsabilidades de todos los implicados. 

Saber que los adolescentes frecuentemente cambian su vocabulario, su forma de ser para expresar su independencia y que muchos, se distancian de sus padres; son requisitos primordiales para estar atentos a la reciprocidad. Por eso, es necesaria una actitud comprensiva, cordial y abierta a los cambios, lo cual depende del bienestar biopsicosocial, moral y espiritual en todas las etapas de desarrollo; lo que significa, tener cuidado con el abuso o establecimiento de preferencias dentro de los miembros de la familia. 

Como Orientadora familiar estas experiencias son de vital importancia, porque gracias a ella, nos damos cuenta, que cada quien determina sus propios rasgos de personalidad y se ubica de manera relacional con respecto al todo social, en gran parte de sus propósitos y valores. Lo cual confirma, la premisa de la teoría social cognitiva, cuando dice que en el contexto social en el que viven y se desarrollan las personas es determinante en la formación de actitudes y conductas, en este sentido papá y mamá son agentes significativos de socialización para sus hijos e hijas y el ambiente del hogar es el primer ambiente propicio para: observar, experimentar, conocer, y aprender ejemplos de amor, fraternidad; que fortalezcan vínculos de las primeras relaciones interpersonales. De ahí que una orientación afectiva desde temprana edad, es particularmente esencial, porque refuerza potencialidades con características más humanas.
Por tanto, cada día me convenzo más de que las actitudes influyen de algún modo, porque  tienen el poder de transformar nuestras vidas, ya sea  para bien o para mal.  Puede pensarse que al darnos cuenta y saber dirigir nuestras impresiones de manera más apropiada, probablemente las relaciones con nuestros semejantes, sean más satisfactorias, por cuanto, el significado de nuestras experiencias se tornará mucho más grato, pudiendo entonces, disfrutar de nuestro bienestar.
Se sabe que la persona al no estar sana en su integralidad, mantiene una actitud testaruda, antisocial, conflictiva, egoísta e infeliz, y le cuesta desarrollar sentimientos de sensibilidad humana. Lamentablemente, estas actitudes negativas,son el resultado de experiencias personales, que la dominan y no han sido superadas.

Si yo estoy bien, tú estás bien.
Es así, como desde la perspectiva de la psicología social, se estudia la actitud de los seres humanos para predecir las posibles conductas. Por ejemplo, cuando observamos la actitud de una persona, es posible prever su modo de reaccionar, lo que significa que cuando alguien adopta, una actitud agresiva o defensiva, se predispone de una manera particular ante las interacciones. Por tanto, la actitud cumple diversas funciones en la vida social, de ahí que estas sean una motivación social, más que una motivación biológica, que permite adaptarnos mejor al entorno en un intento por minimizar los conflictos. Es bueno saber que una misma situación la podemos afrontar, de una manera muy distinta según la forma como elijamos manejarla. 
En consecuencia, si queremos modificar actitudes que no van de acuerdo con lo que deseamos, es importante que diferenciemos una actitud positiva de  actitud negativa. La actitud positiva, es aquella que contribuye o colabora, con el buen comportamiento de la persona para enfrentar la realidad de una manera más sana y efectiva; por el contrario, la actitud negativa, es aquella forma de responder que dificulta las relaciones con los demás. Esto significa, entonces, que en el fondo hay un aspecto muy personal que promueve la actitud, sea esta positiva o negativa, lo cual genera ambientes agradables o desagradables, con la familia, la pareja, los amigos, el medio laboral, político y social.
Ahora bien, esta posición existencial“si yo estoy bien, tú estás bien”, está inspirada en la teoría de Análisis Transaccional de Eric Berne (1976), científico en el campo de la psicoterapia, quien es señalado como el cirujano de la psiquis humana. Su teoría, permite comprender, por qué actuamos de una manera determinada y cómo provocamos en los demás una reacción dada.  Esta reacción no sólo nos hace conocernos a nosotros mismos, sino que nos hace reflexionar y darnos cuenta de que esas distintas maneras de sentir pueden ser orientadas de la mejor manera posible,  para que funcionen a nuestro favor, en cada momento particular y social de nuestra vida. Dice, que la persona desde que nace, es fundamentalmente relacional, y que de hecho necesita ser educada con una relación de amor desde su familia -ámbito perfecto, para dar seguridad y bienestar-, si se proporciona a los hijos la oportunidad de dar apoyo, de ser escuchados y reconocidos.
Cuando la persona desde su infancia se sitúa en estas condiciones, se le facilita el acceso a los logros y a su autorrealización. Esta teoría, se concentra en las interacciones de unas personas con otras y en el cambio de estas interacciones para la solución de problemas emocionales. Todos tenemos un cierto potencial humano que podemos desarrollar generando actitudes comprensivas y valiosas, que sirven para enfrentarnos a todos los estímulos ambientales, sin importar cuan difíciles sean éstos, porque somos responsables de nuestra propia vida para actuar a través de nuestras propias decisiones.
De modo, que es interesante, saber que las historias descritas en el libro “Si yo estoy bien, tú estás bien, aunado a la popular premisa: “no hagas a nadie, lo que no quieres que te hagan a ti”, surge de la necesidad de ayudar a todas aquellas personas que al compartir sus experiencias personales conmigo, buscaban la mejor manera de afrontar sus dificultades personales, por tanto agradezco a todas aquellas personas que depositaron en mí toda su confianza  al narrar sus propias historias y que hoy en día enriquecen a este libro. 

Se encontrará también en el libro testimonios de mujeres, madres, sometidas a violencia doméstica y las actitudes, y de cómo estas, afectaban profundamente el comportamiento de los hijos e hijas. Asimismo, el rendimiento escolar de muchos de mis estudiantes, que para esa época estuvieron involucrados en dicha experiencia. 



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