jueves, 19 de junio de 2014


“¡No soporto más esta pesadilla, todo tiene su límite!”

 El caso es que decidí dejar a mi pareja con quien compartía mi vida desde hace mucho tiempo. Ella, se cree la “La perfecta ama de casa”. La que gana mejor que yo, la que todo lo hace bien, la que cuida a nuestros hijos de manera responsable, la que nunca se equivoca; la que trabaja y lleva el sustento a la casa. En fin, la que puede avanzar, y yo no.
Pienso que la ruptura es lo mejor para todos. Suficiente… “¡Ya está bien que me hiera con sus críticas!”. Entiendo, que tiene muchas cualidades, sin embargo, yo también, respondo como pareja y padre en todo lo que he podido. Pero ella tiene la facilidad de criticarme en todo lo que hago, nunca está conforme con lo poco o mucho que le doy. Sé, que gana más que yo, que es una profesional eficiente y que es buena mamá, pero esto no justifica hacerme sentir mal y hacer  mi vida “cuadritos”. Me gustaría saber, si esta decisión fue un error”.

Todas las parejas pasamos por períodos de crisis y vivimos algunos de estos sentimientos. Pero, si estas situaciones son recurrentes cuando estamos con nuestra pareja, algo está sucediendo y es bueno revisar para actuar correctamente.
Una relación de pareja, conforma un sistema donde se reúnen dos personas que se aman incondicionalmente; con particulares, hábitos, sentimientos, pensamientos, deseos y necesidades diferentes, para poder convivir como persona, ejercer el rol de  pareja y el de padres.
Es necesario entonces, aprender a crecer juntos, intentando negociar al ceder ciertos aspectos con la debida decencia, sensatez y respeto mutuo.
Existen situaciones, en donde se nos hace difícil ponernos de acuerdo, y por ello, surgen los conflictos. El caso que nos ocupa, necesita ser analizado, pues responde a muchas variables.

Es importante, señalar que debemos tener sumo cuidado con los problemas de poder. Aquellos conflictos basados en la necesidad o deseo de ganarle a nuestra pareja e imponer nuestra voluntad, como cuando nuestra pareja con frecuencia, discute y pelea constantemente, sin que quiera ceder ante el otro, estableciéndose, una relación de víctima y victimario, en donde la primera siempre se somete, pero por temor y por una baja autoestima y el segundo se impone a través del abuso psicológico (criticas frecuentes, palabras descalificadoras, silencio, actitudes, gestos y comportamientos) que afectan negativamente el bienestar psicológico, emocional, moral y espiritual del otro (a). Su objetivo, es controlar y atemorizar, descalificar,  manipular, insultar y desautorizar, etc. Esta conducta al igual que el abusador físico, causa mucho daño.
En estos casos, es importante que sepamos que estamos viviendo una situación de abuso emocional y debemos frenarlo cuanto antes, porque cada vez va a ser difícil. Pues, el abuso, tiende a incrementarse, cuando no se hace nada al respecto; ya que el abusivo disfruta de su actitud y resultados de la misma, pero no acepta que su conducta es agresiva o violenta. Se justifica siempre y está convencido que la otra persona se lo merece. Por lo que la persona abusada se siente, culpable de la situación, insegura, desconfiada, incapaz y lesionada profundamente en su autoestima. Esto lo conduce  a ser incapaz de enfrentar la situación y apartarse lo más lejos posible de su pareja. Por tanto, es recomendable que:

  1.    Busquemos ayuda de profesionales para su orientación y pronto bienestar personal.
  2.      Intentemos asumir las responsabilidades reales o las que verdaderamente nos conciernen.
  3.      Entendamos que nadie merece ser abusado o maltratado de ninguna forma.
  4.     Aprendamos a ver la experiencia como una oportunidad para crecer como persona, entendiendo que las emociones son nuestras y nadie tiene derecho a cuestionarlas, aunque otras personas no puedan estar de acuerdo con el manejo que le damos.
  5.     Canalicemos nuestras emociones de manera positiva, transformándolas a nuestro favor (hablando y comunicando nuestro sentipensar) reconociendo y aceptando nuestro problema.
  6.    No esperemos que el abusador, hombre o mujer cambie, a menos que entre a una terapia y vea que realmente pone esfuerzo y voluntad para superar su comportamiento. En este caso, se pone un límite para esa espera, sabiendo que puede ser un proceso largo y lento pero necesario para ambos.
  7.    Ejercitemos nuestro propio cambio y reconozcamos nuestras fortalezas y debilidades. Seamos generosos(as) y aplaudamos nuestros logros por mínimos que estos sean; ya que todos podemos hacer el esfuerzo por mejorar y darnos el tiempo que necesitamos. Tenemos derecho a enmendar nuestros errores y hacer todo lo posible para ser feliz en pareja.


Siguiendo estas recomendaciones, en tiempo prudencial, se notará en la pareja cambios beneficiosos.

viernes, 30 de mayo de 2014

“Últimamente me siento acorralado y hasta decepcionado de mi mismo; pero lo peor es que mis hijos no me entienden, no hayo como explicarles que estamos pasando por momentos económicos muy difíciles en la familia, y he tenido que negarles cosas que no les he podido cumplir como antes.¨

El caso es que tanto esforzarme en mi trabajo, y ahora me salen con que prescinden  de mis servicios después de tantos años, y no sé cómo decirles a mis hijos que me despidieron del trabajo, y que por lo tanto nuestros proyectos cambiaron por completo; que  por ejemplo, el viaje prometido de vacaciones no va; que el taller de pintura de mi hija no podrá ser; y así,  otras mejoras para el bien de la familia, habrá que postergarlas. Esto, me parece injusto. Tanto así, que no termino de asimilar la situación.


Nuestros hijos estaban tan emocionados que hasta prometieron respondernos con las mejores calificaciones del curso. Lo cierto, es que todo el esfuerzo que hicieron, no hayo como retribuírselos. Acostumbramos a  nuestros hijos desde pequeños a poner todo  su esfuerzo y voluntad en los estudios para ganar indulgencias; bueno, es decir, hacer todas las cosas buenas que son capaces de hacer. La situación aún no la hemos comentado con ellos, la verdad es muy frustrante, y no sabemos si decírselo o no. Nunca habíamos pasado  por esto.”

Perder el trabajo, es algo doloroso, que implica un duelo y afecta directamente a la autoestima, como profesionista. No obstante, nadie está libre de esos tropiezos; así que lo importante es como buscar la parte positiva de esta experiencia. 

Hay personas que se frustran inmediatamente y se les es difícil salir fortalecidas, porque son muy exigentes consigo mismos y quizás no lo ven como una oportunidad para reflexionar, valorarse o crecer como persona; para unir más a la familia y en fin, para hacer una autoevaluación de su vida laboral, que le permita sobreponerse lo más pronto a las dificultades.

Asimismo, son momentos en que como padres no podemos responder satisfactoriamente las promesas que le hicimos a nuestros hijos, porque nos encontramos con una realidad difícil de manejar; quisiéramos tener entonces una varita mágica para hacerles realidad sus sueños; y evitar situaciones que los afecten negativamente o que causen algún sufrimiento; pero en la mayoría de los casos el ser francos puede transformarse en la mejor estrategia o recurso natural de bienestar para todos en la familia.
Como progenitores tenemos un fuerte instinto de cuidar celosamente a nuestros “retoños”, de cosas desagradables que pudieran herirlos y pensamos entonces, que no es bueno enfrentarlos con la verdad y por tanto debemos guardarla celosamente. 

Ahora bien, poniéndonos en el lugar del anterior relato, preguntémonos: ¿Deberíamos  mantener a nuestros hijos aislados de la realidad que nos acontece o deberíamos compartirla para crecer juntos?

Muchas veces como padres nos encontramos en ciertas encrucijadas cuando queremos determinar que debemos revelar y cuando queremos hacerlo.
Aunque en nuestro núcleo familiar todos tenemos derechos a mantener un mínimo de privacidad, algunas cosas que guardamos con reserva, pueden llegar hacer un gran error o crear una barrera mental dentro de la familia.

Nuestros hijos, necesitan saber cuando estamos atravesando por momentos difíciles - ocultarlo no sería saludable - Puesto que apreciarían, que algo malo está ocurriendo, y pueden pensar que quizás ellos tienen mucho de culpa; ya que todo el contexto se transforma.

Alrededor de los cinco años y más, los niños son capaces de entender la situación, si somos sinceros y si lo explicamos muy reducidamente con palabras sencillas. Decirles, por ejemplo, que la familia está pasando por problemas económicos; que papá por el momento quedó sin trabajo, pero que esto, lo van a superar juntos. Por tanto, que necesita de la ayuda y cooperación de todos en la familia,  reduciendo los gastos innecesarios, ya  que para el momento no contamos con tanto dinero como solíamos tenerlo.

Por ello, es recomendable para mantenerlos con tranquilidad,  asegurarles, que siempre tendrán un hogar donde vivir; que sus alimentos, su educación y sus juguetes para divertirse siempre lo tendrán; aunque  posiblemente habrá que hacer ajustes y dejar de hacer algunas cosas extras en cuanto a gastos de recreación, tales como: ir de viaje de vacaciones, inscribirse en el taller de pintura y algunas otras cosas que habrá que esperar.


Finalmente, explicarles también, que todas las personas quieran o no, pasan por situaciones inevitables, pero que hay que aprender a superarlo con el tiempo para seguir dando lo mejor de nosotros mismos, porque de este modo nuestro carácter se fortalece y va adquiriendo fuerza y autenticidad para sacar el mejor provecho posible en lo adelante.

lunes, 12 de mayo de 2014


“Mi hijo de 11 años frecuentemente da lugar a que mi esposo y yo estemos peleando. Esto se ha vuelto costumbre, discutimos por todo, hasta tal punto que ya me preocupa nuestra relación.
Sucede que no sabemos cómo “aquietar” o disciplinar el mal comportamiento de nuestro hijo de 11 años, no hace caso para nada, y siento que mi paciencia está por desbocarse. ¡Claro, esto sucede porque mi marido  es muy permisivo! - Hemos hablado mucho sobre esto, y no modifica su actitud- pero lo peor es que  nuestra niña de tan sólo cinco años quiere imitar a su hermano. El asunto es que no sabemos cómo remediarlo”.
El mayor desafío de la maternidad y paternidad responsable en la sociedad contemporánea apunta a un repensar sobre el modo de conducir a nuestros hijos desde que nacen.
La familia es el principal contexto de aprendizaje para la conducta, para los pensamientos y para los sentimientos individuales. Por tanto, un método educativo incorporado en la crianza (manera como debemos vivir y lo que hace que una acción sea buena o mala) es fundamental.
Una educación construida sobre la base del afecto, de la plática sincera, de marcar límites y del respeto a las normas familiares, puede ser la mejor guía para que sean más consecuentes y considerados en sus acciones, así como apropiarse y responder por sus errores.
Los padres podemos estimular o inhibir actitudes y conductas que favorezcan o no la plena realización de nuestras criaturas como personas. Poner límites y disciplina depende del sentido de vida familiar, de sus valores y normas.
El caso descrito relata la poca capacidad de estos padres de marcar límites y ejercer el principio del binomio autoridad/afecto sobre los hijos. Ello produce una crisis familiar que se manifiesta en una elevada tensión en cada miembro, y una gran dificultad para aplicar las reglas; pactar acuerdos y llegar a entablar un clima de cooperación demarcado que ayude a regular las conductas.
 Fischman, psiquiatra infanto- juvenil, dice que los padres deben ser modelos de los que piden a sus hijos y no ser del tipo de “Haz lo que digo pero no hago”. Sólo la firmeza, flexibilidad y diálogo llevan al respeto y a la autonomía. Si queremos hijos considerados, cooperadores, disciplinados y flexibles, debemos reflejar esos ejemplos.
Los límites (aplicación de estrategias) nos ayudan a que nuestros hijos logren el autocontrol - equilibrio en las palabras, en los pensamientos y en la acción- ya que harán de ellos una persona segura y atractiva para su entorno. Si logramos ese equilibrio, todo en nosotros se desarrollará sin contratiempo y sin mayores dificultades.
Estudios revelan estilos de disciplina para educar a nuestros “querubines”, entre estos están: el autoritativo o moderado y el permisivo o complaciente.
-         Si somos padres autoritativos o moderados, establecemos límites razonables y nos fiamos en las consecuencias lógicas y naturales para que nuestros hijos aprendan de sus propias equivocaciones. Explicamos por qué son importantes las reglas y por qué deben seguirlas, dando oportunidad para que se expresen a pesar de que podamos o no estar de acuerdo; fijamos estándares altos y somos pacientes apoyándolos a ser independientes. Somos firmes y consistentes, pero a la vez expresamos nuestro amor, cariño y elogios. Con este estilo educativo tienden a tener confianza en sí mismos, a ser responsables y colaboradores.
-         Si somos padres permisivos o complacientes, entonces ejercemos un mínimo control. Esto significa que “No, rayamos la cancha”, los niños hacen lo que les venga en gana; fijan sus propias reglas, carecen de límites, son desorganizados y no concluyen sus actividades, porque no demandamos o exigimos altos niveles de comportamiento. Son los niños los que tienen el control de la familia y los padres se doblegan a sus antojos. Este estilo educativo, hace que muestren actitudes inmaduras, inseguras, poco colaboradores y evadan sus responsabilidades.


Por tanto, la intervención temprana como padres puede ayudar a prevenir que un problema de conducta evolucione hacia trastornos más graves.
Por lo tanto, debido a que la crianza de nuestros niños y niñas suele ser complicada durante el crecimiento, son recomendables las siguientes estrategias para controlarlos y responsabilizarlos desde la más tierna edad:
-         Los padres deben estar conscientes de que el niño pequeño, necesita ayuda amorosa para entender qué es seguro, qué puede hacer y qué no.
-         Conocer que entre 5 y 12 años el niño es capaz de entender el por qué de las reglas, puede asimilar ideas, emociones; y ser acompañados por un sentido de autocontrol, pero esto se logra con amor, firmeza, paciencia y constancia.
-         Establecer reglas sencillas, claras y justas, ayudándolos a usar palabras, en vez de acciones, para manifestar como se siente antes de que actúe.
-         Aprender que en algunos casos, el sólo hecho de ignorar el comportamiento lo hará desaparecer. Algunos niños se portan mal para llamar la atención, los padres sin darse cuenta pueden alentar la conducta que está tratando de extinguir.
-         Aprender que el refuerzo positivo es lo mejor para fomentar conductas deseadas. Por ejemplo, una alabanza verbal puede ser efectiva para apoyar la conducta, o leer un cuento puede motivar al niño.
-         Saber que los enunciados afirmativos enseñan al niño qué es apropiado. No es suficiente con decirle qué no hacer, enseñe una alternativa mejor.
Recuerde que los límites deben ser producto de la aceptación, participación y negociación, ya que cuando son sólo órdenes se provoca la rebeldía y el mal vínculo.

jueves, 24 de abril de 2014


“Me siento sumamente intranquila, mi hijo de apenas 15 años me acaba de confesar que consumió marihuana. Estoy asustada, puede convertirse en adicto."
El caso es que fui al liceo donde estudia mi hijo el noveno grado y sus profesores me hicieron saber que estaba aplazado en todas las materias. Que tenía mes y medio que no asistía a clase sin justificación; comprenderá que decepción al escuchar esto, repetidas veces le alerté sobre el comportamiento ocioso de su grupo de amigos que no merecían nuestra confianza. Son muchachos que no ocupan para bien sus ratos de ocio, los vecinos saben que consumen drogas. Esta situación no sé cómo manejarla, mis consejos no sirvieron para prevenirlo. Ahora me dice: tranquila mamá, que por curiosidad consumí marihuana, pero te aseguro que no valió la pena. Sin embargo, he perdido la confianza en él.
¡No entiendo que sucede con mi hijo! Si desde pequeño, practica natación, es sociable y cariñoso; le ha gustado siempre agradar y congraciarse con todos los que lo conocen. Y, ahora este fracaso escolar.
Muchos padres nos podemos sentir defraudados al saber que nuestros hijos e hijas han hecho uso de las drogas. Es una realidad que ninguno de nosotros puede evitar, no somos magos, tampoco tenemos una varita mágica para impedir que ocurra.
Pero, lo que sí debemos reconocer, nosotros los padres, es que tenemos una influencia muy grande sobre nuestros hijos(as) para orientarlos de la mejor manera posible, aunque no lo creamos.
La historia anterior, nos señala que sin duda la imposición del grupo de amigos, es la fuerza singular más conveniente en el mundo de un adolescente; y, la habilidad de resistirla es lo más valiente y más poderoso que estos pueden hacer.
Nos corresponde entonces a nosotros, hablarles sobre el tema, si no conversamos con ellos(as), alguien más lo hará. Informarles por ejemplo, que no deben utilizar la marihuana como bastiones para satisfacer su curiosidad o desenvolverse socialmente, conquistar el sexo opuesto o ser aceptados.
Esta plática sincera puede hacerlos más conscientes del daño que conlleva el uso y abuso de estas sustancias. Asimismo, debemos aprender también cómo, dónde o simplemente porque nuestros hijos(as) quieren experimentar con las drogas. Esto pudiera aportarnos suficientes indicios para ofrecer el apoyo emocional que tanto necesitan en esta época de la vida. 
Tal vez descubramos que tienen un gran vacío interno y que necesitan la compañía y apoyo de una familia afectuosa, que invite a crear un clima de confianza en el cual puedan sentirse libres para expresar lo que les está molestando. Enseñándoles que en muchas ocasiones, las cosas que deseamos, no podemos obtenerlas inmediatamente, pero que ello no impide perseverar y lograr nuestros más anhelados sueños.
Esta actitud amable, comprensiva y generosa, puede ser el correctivo que los hagan menos vulnerables frente a las presiones del entorno.
Estudios sobre el tema explican la correlación existente entre disfrutar de unos vínculos sociales satisfactorios y tener una imagen positiva de sí mismo, cuando esto no se produce, el adolescente buscará otros grupos donde sentirse aceptado y se vinculará a ellos.
Es posible que el adolescente de esta historia, haya consumido marihuana con el fin de satisfacer simplemente la curiosidad, tal como se lo manifiesta a la madre, pero es bueno advertir que será mejor no hacerlo, porque tarde o temprano traerá secuelas a su organismo, y más cuando se tiene la experiencia a tan temprana edad.
Cada familia puntualiza, las normas y los límites, según sus prioridades y principios en cada una de sus criaturas, y si fija desde la niñez el amor, el cuidado hacia la salud, la honestidad, el respeto y el conocimiento de sí mismo, crecerán seguros y confiados.
Los contactos afectuosos, generan actitudes más benevolentes y son la mayor riqueza humana que podemos sembrar en nuestros hijos (as). 

El comportamiento que asumamos como padres será la mejor guía para nuestros hijos(as).
Anticiparse a la aparición de un problema, conocer cuáles son los factores que lo provocan e intervenir sobre ellos, es educar responsablemente a nuestra familia, porque se trata de favorecer el proceso de maduración, para que el contacto con las drogas de producirse, no lleve al abuso o dependencia de la misma. Por eso, el comportamiento que asuman los padres ante el problema de las drogas será la mejor orientación para los hijos e hijas. De allí, las siguiente recomendaciones:

  • a)      Dejemos que nuestros hijos e hijas resuelvan solos sus problemas desde pequeños, esto ayuda a fortalecer el carácter y genera sentido de responsabilidad y fortalece la autoestima.
  • b)        Definamos límites y evitemos satisfacer todos sus deseos, ellos y ellas necesitan sólo nuestra guía.
  • c)      Acostumbremos desde la infancia a decirles que los amamos y actuemos en consecuencia. Los adolescentes necesitan sentirse  que son especiales.
  • d)      Enterémonos de cómo va en el liceo y quiénes son sus amigos. Compartamos juntos las horas de la comida.
  • e)      Expliquemos las consecuencias del alcohol, del cigarrillo y de las drogas en el cuerpo, es bueno darles la información, por simple que parezca.
  • f)       Enseñemos que tienen derecho a rechazar las circunstancias, personas o hechos que consideren dañinos.
  • g)      Ayudemos a que tengan confianza en nosotros y a tener seguridad de que si algo les sucede o se equivocan, no los abandonaremos ni retiraremos nuestro amor.

miércoles, 9 de abril de 2014

Llevo 8 años de casada y me parece tanto, me siento atosigada…, cansada. Hay días en que no me provoca levantarme e ir a trabajar, adelantar el almuerzo o ayudar a mis hijos con las tareas  del colegio. El caso es que no entiendo la situación que me agobia. Estoy por llamar a mi esposo: “comodito Johnson”, cuando llega de su trabajo le encanta ver todo “ordenado”, a los muchachos “disciplinados”, en fin “un ambiente de dicha y felicidad” Mantiene una actitud egoísta, piensa sólo en él y nadie más; pues no colabora en nada para lograr esa “felicidad”; por el contrario cuando ve las cosas fuera de su sitio me culpa  de descuidada. Creo que su grado de exigencia y poca consideración llegaron a su límite. Algunas veces he intentado hablar con él para que colabore con los quehaceres del hogar; pero no me escucha. Dice, que qué más quiero, que él trabaja demasiado para darnos una vida más “cómoda”, y que lo más lógico es que disfrute de su casa. Las niñas poco se le acercan cuando oye su música o ve televisión. Creo que mi equivocación desde que me casé fue imitar a la mujer “maravilla”. Lo acostumbré a que todo lo haga yo. Él sólo da el dinero, cree que como proveedor de todos los gastos es suficiente, ahora el error lo estoy pagando muy caro, no hallo que hacer para que me entienda que también él, debe ayudar a mantener la armonía que tanto quiere".
 La familia es un tejido social en el cual está inmersa la persona, más no la determina totalmente. Le ofrece información, experiencias y estímulos para desarrollar habilidades particulares a través de valores sociales asimilados. La actuación de la persona puede ser un acto razonado, voluntario y muy particular, porque es ella quien puede darse cuenta de lo que elige y decide, de lo que considera como bueno o malo, lo que es razonable y no, para hacer las cosas con la debida cordura y sensatez.
Una relación de pareja es algo laborioso que atraviesa etapas, sufre altibajos y cambia continuamente. Atender y dedicar tiempo a la pareja es clave para que la relación se nutra. El amor necesita atención, gestos de ternura, de contribución, de participación, de sorpresas; es decir, de sintonizar en un solo dial el compromiso que se debe uno al otro.
Cuando realmente existe amor en una relación de pareja cada uno vela por el bienestar del otro debido a que esto es recíproco, pero si hay egoísmo en la pareja, entonces esta pensará sólo en ella descuidando por completo las necesidades del otro y esto es motivo suficiente para el inicio de desilusiones y conflictos difíciles de superar con lo que puede acabar la relación.

El relato anterior, describe a un hombre que sólo piensa completamente en sí mismo, que le hace a su esposa atender excesivamente su propio interés, sin preocuparse mucho de las demás personas que conforman el núcleo familiar y menos aún no toma en cuenta los derechos y necesidades de su pareja. El egoísmo es la conducta de un modelo equivocado de cómo funciona la realidad, una visión distorsionada de uno mismo(a) y del propio poder que destruye la autoestima y la confianza interior y ello puede conducir a una falta de sensibilidad con respecto a las necesidades del otro. Por ejemplo, en este relato, se evidencia una actitud egoísta cuando la pareja se resiste a escuchar los sentimientos de malestar con la debida atención e irrespeta el punto de vista de su cónyuge. Esto siempre conduce a la frustración y al rencor. Es bueno saber que las contrariedades son una oportunidad para conocerse mejor, aprender lecciones y construir bases más sólidas para la relación.

 Probablemente, la actitud egoísta del cónyuge de este relato, se deba a que aún no se habitúa a compartir las cosas, su tiempo, su espacio y su vida con otra persona o sencillamente no está lo suficientemente enamorado y comprometido como para compartir una parte con su pareja y renunciar a su independencia. Hay personas que se comprometen a tener una relación de par y no cumplen su papel como miembros de ella, sino que se centran en sus propias necesidades, en que ellos sean los únicos que se sienten amados y valorados en la relación sin importar como se siente la otra persona. Centrarse sólo en uno, crea distancia en la pareja debido a que ambos están tan concentrados en sus cosas que olvidarán que están en pareja, esto acumulará decepciones porque no se puede cambiar a una persona si ella no pone de su parte.

De tal forma que es recomendable ser claros, para que nuestra pareja entienda que debido a la actitud egoísta que ha tenido hasta ahora, la relación se está viniendo abajo. Por ejemplo; decir, “Me siento molesta e ignorada debido a tu comportamiento egoísta que no aporta nada positivo en el crecimiento de nuestra relación”, “Me gustaría que me ayudaras con las tareas de los niños o de algún quehacer en el hogar, así tendríamos más tiempo para disfrutarlo juntos” Quizás, una vez precisada y aclarada la situación que nos tiene intimidadas dejaremos a que nuestra pareja descubra que algo anda mal en la relación, y así le daremos entender que no estará sólo en el cambio de su actitud o comportamiento; sino que allí estaremos los dos juntos para lograr que la relación sea sana, entretenida y amorosa.
Sabemos que la comunicación en el hogar es la base fundamental para el bienestar del grupo familiar. Las dificultades o las diferencias que se dan en la pareja necesitan conversarse en un clima de respeto mutuo. Si esa comunicación se da, podemos compartir entonces, sentimientos, pensamientos, gustos y proyectos respetando las diferencias, teniendo como meta el bienestar de todos los miembros de la familia y habrá más posibilidades de vivir en armonía.

domingo, 23 de marzo de 2014

“Soy madre soltera de dos hijas adolescentes, la mayor tiene 16 años de edad y la menor ayer cumplió 14. El caso es que he decidido buscar orientación debido a que desde hace pocos meses mi hija de 16 años está de novia con un muchacho de 19, y aunque  tengo poco tiempo conociéndolo, no me gusta la forma dominante como la trata. Esto lo he venido notando en dos oportunidades y aunque hemos hablado sobre el tema. Ella dice que son sólo ideas mías; pero la gota que rebasó el vaso, fue cuando mi otra hija  me contó “muy calladita”, que   el muchacho estaba obligando a su hermana a tener relaciones sexuales. Comprenderá mi asombro y mi preocupación,  porque sobre esto, no tengo ni la menor idea como hablarle a mi hija.”

Nuestros niños, adolescentes y jóvenes de hoy reciben mucha información equivocada o con intereses más comerciales que formativos sobre la sexualidad humana. Ello puede generar una distorsión del tema y llevarlos a pensar que el sexo es la simple satisfacción de un deseo, de un momento o de una necesidad física, sin compromisos no trascendentales.

Es obligatorio que  hablemos a nuestras hijas e hijos sobre los aspectos emocionales y formativos del sexo, y que desde niños les fomentemos valores como: el amor, el respeto y la honestidad.
La iniciación en el ejercicio de la función sexual, es un tema de singular trascendencia. Los adolescentes con su potencial biológico y las motivaciones existentes en el entorno, pueden predisponer el inicio de esta actividad. Cuando hablemos con nuestros hijos e hijas sobre la sexualidad es muy importante que utilicemos las palabras exactas y evitemos las confusiones.

Lo importante es que ellas y ellos, aprendan a desarrollar un patrón de conducta sexual responsable, el cual tiene su base fundamental en el “para qué” y no en “el por qué”. El por qué, es porque gusta. El para qué, exige un objetivo; es decir, ¿Cuál es la idea de ejercer la función sexual?; para acentuar el sentimiento amoroso, para complacerse, para aprender nuevas experiencias o para reproducirse.

En el caso de esta adolescente debemos manifestarle, que es un hecho verdadero que ella es quien va a ser la más perjudicada en la relación debido a que va a sufrir más cuando su novio se salga de los límites, porque si resulta un embarazo, su cuerpo y su vida cambiará totalmente. Explicarle también, que el novio puede querer tener relaciones sexuales con ella sin que le importe como persona. Pues, la clase de “amor” que le ofrecerá para conseguir la relación sexual, no será un amor verdadero.

Manifestarle que muchas mujeres son víctimas de abuso físico y emocional de novios o parejas: golpes, amenazas o manipulaciones, y esto, son aspectos relacionados a la violencia de género en la que los hombres obligan o presionan a sus parejas a tener relaciones sexuales no consensuadas, lo cual significa que no hay un amor verdadero.
Una vez clarificado el objetivo, la adolescente deberá asumir las consecuencias agradables o no de la elección que tomó; podrá también discutir la situación con sus padres, apropiarse de su responsabilidad, y podrá saber y conocer la profundidad de su decisión.

Importante es entonces, clarificarles a nuestras chicas y chicos, que el placer ocupa un espacio en la vida de los seres humanos que puede ser experimentado; a través del gusto por mirar al otro, el encanto de una caricia, la emoción por encontrarse o el nerviosismo por estar juntos, y que  para descubrir la sexualidad y el afecto no necesita reducir los contactos físicos para llegar al acto sexual en sí, y menos aún si es obligada o presionada por su novio.


domingo, 9 de marzo de 2014

"Soy ama de casa, siempre me gustó trabajar con niños, pero por esas cosas de la vida que uno a veces no se explica; no he podido terminar la licenciatura en educación faltándome tan poco. 

Sin embargo, con frecuencia, voy a charlas y cursos que me interesan, especialmente cuando tratan sobre los niños de talentes naturales o los que llamamos niños genios. El caso es que tengo dos nenas y la mayor de siete años nos tiene un poco inquietos por la actitud poco sociable para su edad. 

Ella por lo general se aisla: gusta jugar sola,  agarrar hojas y escribir, se molesta que le toquen sus cosas especialmente cuando su hermanita le agarra sus creyones y cuaderno de “escribir cuentos” .
Dice, que su hermana rompe lo que escribe y que cuando sea grande será escritora. Comprenderá lo orgullosos que nos sentimos mi esposo y yo por sus expectativas en tan corta edad; por ello, hemos investigado algo sobre el asunto, y según lo que leí no hay nada por qué temer; pues es una situación que bajo una buena orientación se pueden encausar de la mejor manera posible. No obstante, nos gustaría saber cómo ayudarlas a ambas." 

Cada niña y niño tiene una actitud que le pertenece y cuando es ayudado por sus padres a desarrollarla, llevan a los hijos a obtener logros, a vivir satisfacciones y a cultivar un entretenimiento que probablemente le permitirá disfrutar un aspecto agradable de su mundo personal, y, quizás conseguir ingresos económicos con ello. Desarrollar las aptitudes de nuestras hijas e hijos es una cuestión de valoración y una obligación responsable, porque al desarrollarlos le ofrece a cada uno la posibilidad de conocerse a sí mismo y de aprender sobre disciplina y autorrealización.

Si usted se encuentra en uno de estos casos, es recomendable que analicen bien a sus hijos para saber si, además de talento, siente gusto por la lectura. Esto es esencial para que las actividades extracurriculares no representen una carga. 

Es importante que los padres se informen con la maestra sobre su inquietud; es decir pregúntenle cómo ve al niño o niña y si considera que tiene el talento especial para escribir, ya que a través de ella puede obtener la cooperación. Si es posible pregúntenle además si necesita que le lleve material adicional para que juegue a los escritores, cuentos libros o, si es necesario alguna persona especializada en el área, a fin de estimular al niño o niña y a la vez dejarlos con sus compañeros para que aprendan a compartir con otros y tengan un desarrollo emocional acorde a su edad. 

En muchas ocasiones, los niños que tienen habilidades especiales y se les toma en cuenta, se adaptan fácilmente con sus compañeros pues logran explicarles con sus propias palabras lo que les gusta, sintiéndose importantes al encausar su potencial.
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