jueves, 19 de diciembre de 2013


“Entendemos que nuestra hija ya no es una beba, que crece rápidamente, que dentro de poco será una linda señorita sana e inteligente y que tal vez ella pueda entender más que nosotros lo que está ocurriendo dentro y fuera de ella. Sé que como padres hasta ahora hemos sido unos afortunados y damos gracias a Dios por ello; porque a pesar de sus catorce años de edad es una “niña” responsable en su liceo, casi siempre recibimos felicitaciones de sus profesores por su buen comportamiento y que también es así en nuestra casa, pues colabora con lo que se le asigna. Es por esto que creo que es diferente a muchas niñas de catorce y quince años que andan por allí desenfrenadas haciendo lo que les venga en gana.

El caso es que nuestra "niña" ha comenzado a pedir permisos para ir con sus compañeros de clase a bibliotecas o a divertirse a otros lugares sin la presencia de nosotros. Ahora hemos comenzado a tener ciertas diferencias por dar esos permisos, porque se los hemos negado. Esto es porque sinceramente nos da miedo de que ande por allí con tanta inseguridad y aunque no la hemos dejado ir, hasta ahora se ha quedado “tranquila”. Aun así sentimos que dentro de poco no vamos a poder manejar la situación; pues entre sus compañeros la eligieron para formar un equipo de trabajo y hacer la actividades del liceo. Por todo esto estamos preocupados de que le pase algo malo y no sabemos si dar o no los permisos”.

El mayor desafío de la maternidad y paternidad responsable en nuestra sociedad contemporánea apunta a un repensar sobre el modelo de conducir a nuestras hijas e hijos por la vida. Esto significa, a cómo debemos vivir y lo que hace que una acción sea buena o mala. Formarlos desde la infancia para que aprendan a ser consecuentes y considerados en sus acciones, así como apropiarse y a responder por sus errores, es posible. Sólo que la única manera de hacernos responsables, es marcando una pauta haciendo un alto en nuestras actividades cotidianas y reflexionar sobre la educación en valores y como ésta ha sido impartida hasta ahora.

Todos los padres pasamos por la experiencia de ver a nuestros hijos crecer, de ver que nuestras “niñas y niños” se van transformando en mujeres y hombres sin darnos cuenta que tan solo es un proceso definitivo de cualquier ser humano. En el testimonio de esta madre, se aprecia la desorientación e inquietud frecuente por la que seguramente pasamos muchos de nosotros cuando nuestras hijas e hijos se acercan a este período tan vulnerable como es la adolescencia. 

Probablemente, lo que queremos evitar son los dolores y calamidades que muchos tuvimos que enfrentar en esta etapa. De ahí que es importante que como padres nos informemos, por ejemplo, que la adolescencia es un proceso caracterizado por cambios corporales y por la adaptación al medio, y que ello coloca a nuestros hijos en una situación de conflicto, donde la fortaleza se enfrenta a la sociedad. Sufrimos entonces, la espera de que la resultante de esa interacción sea una persona sana, con capacidad de tolerar frustraciones y con aspectos asertivos en su personalidad.

Saber también que ellas y ellos necesitan aprender a canalizar sus emociones y que conducidas con orientación pueden ser muy creadoras pero dejadas al azar, puede convertirse en un proceso devastador que deje secuelas irreversibles. Por eso, es bueno saber evaluar hasta qué punto son responsables y maduros. 

Si estamos viviendo esta situación, al principio podemos ceder permisos de día, para cosas puntuales y supervisadas por nosotros, a medida que se vayan cumpliendo las condiciones dadas, podrá empezar a movilizarse sólo en horarios diurnos, de modo progresivo, negociando y logrando acuerdos; incluyendo las consecuencias si no se cumplen.

Lo importante es no descuidarse, porque ellos no poseen suficientes estrategias para tomar todas las decisiones. Estar siempre claros de que el grupo de amigos es muy fuerte y que es el período en que aparecen las conductas de riesgo. Por tal razón es importante, ser claros y consistentes en los permisos sin sentimiento de culpa cuando hay que decir que no; pues es de vital importancia poner estos límites, porque marcará la pauta y el equilibrio necesario, a fin de que tanto ellas, ellos y nosotros tengamos la oportunidad de crecer responsablemente juntos para el mejor bienestar posible de la familia.

martes, 17 de diciembre de 2013


"Soy madre de tres hijos y, tanto mi esposo como yo, hemos tratado de hacer todo lo posible de educar a los niños lo mejor que hemos podido. El caso es que ya no sabemos cuando nuestro hijo de ocho años dice la verdad. Por ejemplo, primero el jueves llamó a la abuela por teléfono y le dijo que lo viniera a buscar a pasar el fin de semana porque el viernes no tendría clase. Esto era mentira. Después dejó regado objetos en su cuarto y dijo que fue una de sus hermanas, esto también era falso. Lo último que hizo ahora, fue que rompió la hoja del cuaderno de clase para que no viéramos la calificación deficiente que le había puesto la maestra en un ejercicio de castellano.

Realmente este comportamiento fue el más alarmante para todos. Su papá le habló bien fuerte y le dijo que ahora no le compraría su bicicleta, que se había pasado de la raya; y, aunque no nos ha vuelto a mentir desde ese día, nos ha quedado cierta desconfianza sobre su proceder. Me gustaría saber el por qué de su comportamiento y que podemos hacer en lo futuro."

Es lógico que como padres se sientan preocupados e intenten obtener mayor información sobre los episodios de mentiras que han observado en su hijo. Sin embargo, algunos niños de esa edad suelen mentir una que otra vez, aunque tan seguido no se debe aceptar, porque tiende a transformarse en un mal hábito. Probablemente sea algo de baja estima e inseguridad.

Es importante saber el motivo y las causas de su comportamiento para poder tratarlo mejor. Decirle por ejemplo que una mentira significa engañar; es no decir la verdad. A la edad de ocho años un niño es capaz de tener conciencia de la realidad y es cuando a veces se dan cuenta que alterando la verdad pueden conseguir ciertos beneficios. Es aquí entonces donde hay que explicarle la importancia y los beneficios de ciertos valores de convivencia, tales como: la verdad, la confianza, la honestidad y la autenticidad. Si los padres pueden ilustrar con ejemplo la explicación de los valores, sería mucho mejor.

Ahora bien, son muchos los motivos por los que nuestros hijos pueden mentir como lo es el miedo. Probablemente lo hagan para evitar el castigo, sobre todo cuando preveen que esa va a ser nuestra actuación. Otro motivo es para llamar la atención, es decir, mientras explican la mentira con mucho entusiasmo, los padres los escuchan prestando atención. Esto lo hacen debido a que necesitan reforzar su seguridad. Asimismo, cuando sobre exigimos, pueden mentirnos para no defraudar nuestras expectativas. De modo que es importante favorecer la comunicación familiar para que nuestros hijos se sientan cómodos al expresar sus sentimientos y a la vez sean capaces de asumir la responsabilidad de sus acciones.

lunes, 16 de diciembre de 2013



“Estoy muy alarmada, hace días limpiando el cuarto de mi hijo mayor de 18 años de edad (tengo tres más: 13, 15 y una nena de 7), conseguí en su closet tres latas de cerveza dentro de una bolsa de papel; comprenderá tal sorpresa, no dije nada en el momento porque no supe qué decir, inmediatamente llame a mi esposo a su trabajo para contarle lo sucedido y para mi mayor sorpresa, su respuesta fue: ¿Y para eso me llamas…? “Tú sabes que los muchachos ahora se reúnen y toman algunos tragos; además no veo nada malo en eso. Tú siempre de exagerada” Comprenderá como fue mi reacción...

 Una vez en casa hablamos del asunto, le dije que como era posible que un padre responsable permitiera que uno de sus hijos fomente ese mal hábito y el peligro de que esa actitud condescendiente ante la situación pudiera traer muchos problemas para todo nuestro hijo, de lo que me respondió que unas “cervecitas, no dañan a nadie". No tengo apoyo de mi esposo ¿Qué hago?”

La actitud y comportamiento de los progenitores ante el consumo de bebidas alcohólicas tiene una gran influencia en nuestros hijos e hijas, de modo que es importante comenzar hablar de este tema desde la infancia. Los padres somos modelos para nuestros muchachos. Ellos y ellas imitan actitudes, gestos, palabras y muchas decisiones que evalúan y admiran de nosotros. Es más, nuestros hábitos son los que adoptarán hasta el final de sus días.

En el caso que nos ocupa es comprensible que la madre esté inquieta por la actitud permisiva de su esposo al no dar importancia al asunto. El padre está obligado a entender que si permite que su hijo de 18 años tome a solas o cada vez que este acompañado de su grupo de amigos, entenderá que esto formará parte de su estilo de vida y asumirá que el consumo de bebidas alcohólicas es natural y no pensará que es una decisión personal. A esta edad los adolescentes no se dan cuenta del problema real ni le interesan lo que piensen sus padres, están influenciados por su grupo de amigos que asocian la bebida a la diversión y sienten la presión para hacer lo mismo y ser aceptados; ya que ellos buscan reafirmarse a sí mismos.               

Por tal motivo, la comunicación en esta edad es más difícil, debido a la búsqueda de autonomía e independencia para formar su propia identidad. Así que como progenitores responsables de la vida de nuestros hijos, deberemos tomar la decisión consciente de fijar límites con cada uno de ellos, basándonos en la edad, en los valores y principios de crianza.

Es recomendable que los padres se liberen de miedos y preocupaciones y hablen francamente donde se escuchen las opiniones de cada uno de los integrantes de la familia. Hablarles, por ejemplo, de lo que significa el consumo moderado de alcohol y la diferencia entre este y el consumo nocivo, que incluye el tomarlo los menores de edad, manteniendo un tono afectivo con el hijo/hija y sus hermanos. Recordemos que el contacto emocional y espiritual con nuestros adolescentes y jóvenes, más el apoyo incondicional evita que el grupo de pares presione para el uso y abuso del consumo de alcohol. De modo, que todo dependerá del manejo equilibrado entre la conexión emocional y el tipo de independencia que queremos para nuestros hijos.

viernes, 13 de diciembre de 2013










¿Es mi hija lesbiana?


"Vengo en busca de ayuda, me siento confundida con lo que está pasando. El caso es que mi hija mayor por casualidad tomó el celular de su hermana de 17 años y le vio un mensaje que decía “nos vemos donde siempre para estar la tarde juntas”. Ella le preguntó quién le mandaba ese mensaje tan raro, y esta la mandó a callar y le dijo: "ssshhhhhhh… baja la voz, que mi mamá se entera”. Sin embargo, su hermana continúo insistiendo para saber por qué actuaba de esa manera.


Tanto la fastidió que le dijo: “hermana confió en ti, no sé cómo lo vas a tomar pero necesito decírtelo, yo creo que soy lesbiana, desde hace un tiempo me veo con una amiga y siento una fuerte atracción por ella. Esto me tiene nerviosa porque sé que está mal no sé cómo lo vas a tomar tú y sobre todo mi mamá, necesito que me ayudes para que ella me entienda”.

Como ve, esta situación no sé cómo enfrentarla, pues su papá se fue cuando ambas estaban pequeñas y cuento es sólo con mi mamá, pero esto es mucho para mí. ¿Qué hago? "

Relatos como estos son fuertes y hasta dolorosos para cada uno de los miembros del núcleo familiar, pues es una situación insospechada. A menudo es un choque de los padres enterarse de que nuestra “princesa” es homosexual.

Los sentimientos que perturban son muy confusos. Una madre por ejemplo, puede quedarse trastornada al descubrir lo que su hija realmente es. No obstante, otra puede tomar una actitud positiva acogedora y educativa, porque sabe que es la única manera de evitar secuelas irreversibles.

En el caso que nos ocupa, es bueno que la madre y la hermana amplíen sus conocimientos sobre el tema. Tomen tiempo para escuchar y platicar lo que piensa y siente verdaderamente la adolescente para resolver las cosas de la mejor manera. Pues, probablemente, ella esté descubriendo y definiendo su propia sexualidad. Como madres debemos saber, que durante la adolescencia la mayoría de nuestros hijos comienzan a percatarse de sus sentimientos sexuales y se interesan por salir con su pareja.

Muchas adolescentes, no se sienten atraídas físicamente por el sexo masculino, por el contrario le atraen otras mujeres. Asimismo, se van a conseguir con actitudes de rechazo de “amigas” y de otras personas conocidas. Se sentirán como que si no encajan dentro del grupo con el que compartían desde la infancia. Tendrán momentos en que se sentirán inseguras, confusas sobre si son o no lesbianas. Algunos adultos necesitarán tomar un tiempo para digerir la revelación y acostumbrarse a la idea. Otros pensarán que estarían más satisfechos si se les ocultara este tipo de verdad, cuestión que sería peligrosa para la adolescente.

A este respecto, La Asociación Americana de Psicología (APA), en su informe “Resolución sobre Orientación Sexual y Matrimonio” dice lo siguiente: “¡No es ético cambiar la orientación sexual! Las evidencias apoyan que el estigma social, el prejuicio, la discriminación y la violencia asociados con no tener una orientación sexual heterosexual y el ambiente social y hostil y estresante, creado de tal modo, afecta adversamente el bienestar psicológico, físico y social de las personas gay, lesbianas y bisexuales. Dicha situación tienen consecuencias fuertes y acumulativas sobre el bienestar de estas personas”.

De modo que es necesario señalar en este caso, que el hecho de que la adolescente lo haya confiado a su hermana, es una señal de su amor y de apoyo o comprensión que ella necesita tanto de su madre como de su hermana. Después de todo, para la adolescente, ustedes dos forman parte de las figuras más significativas que hay en su vida. Así, que es recomendable responder al apoyo incondicional que ella está necesitando.

Cantidades considerables de lesbianas y gay, comparten relaciones duraderas y estas comunidades prestan un cálido apoyo a sus miembros cuando han reconocido de lleno su orientación sexual, pues este es un reconocimiento y aceptación de sí mismos para dejar los miedos y enfrentar su propia realidad.

jueves, 12 de diciembre de 2013

“Siguiendo ciertas pautas recomendadas por la especialista en orientación familiar, mi marido, mi hija y yo decidimos retirarnos unos días del ambiente tóxico de mi “Gran ciudad” para repotenciar nuestro espíritu. Nos fuimos a Puerto Ordaz, visitamos los Tepuyes y la Gran Sabana. De verdad que Venezuela posee lugares de inconmensurable belleza y con un gran poder de explotación turístico sorprendente.
Estuvimos 20 días en una posada sencilla pero generosa con el visitante. Mi marido nos debía este viaje a mi hija y a mí, pospuesto por mucho tiempo; siempre se atravesaba algo para no hacerlo. Queríamos buscar un poco de tranquilidad, contar con gente agradable que nos permitiera disfrutar de las bondades de cada uno de nosotros. Sinceramente, el viaje nos hacía falta porque nos sentíamos arrastrados por la rutina, por ese ir y venir que ya se marcaba en nuestros rostros, las eternas diligencias que parecían no terminar jamás, el diario tráfico de la ciudad en busca de los caminos verdes. Sí. La consulta nos hizo mucho bien, pues el correcorre diario estaba haciendo mella en nuestras vidas.

Acordamos ejercitar la complicidad entre los dos. Así, por ejemplo, nos turnaríamos al manejar para no cansarnos, que nos detendríamos en lugares que a los tres nos llamara la atención. Realmente fue una experiencia muy singular en todos los sentidos, pero sobre todo cuando nuestra nena se acostaba y nos quedábamos solos hasta las seis de la mañana viendo el amanecer, hablando de proyectos, de las cosas que me desagradaban de él y que me gustaría que no ocurrieran…

Recordamos momentos de cuando nos conocimos, los pocos lugares que frecuentábamos, las veces que me hacía la visita y mi madre estaba como pendiente…Todo estos recuerdos venían a mi memoria y fortalecían nuestra unión, porque a pesar de las dificultades para abrirnos paso, resultó ser un indudable aprendizaje.

 Igualmente, aprendimos a auxiliarnos en lo que pudiéramos. Por ejemplo, hacer el mercado semanal, a veces en los quehaceres de la casa; es decir, a poner nuestro granito de arena; pero siempre y cuando hiciéramos bien lo que más nos gustara. Y, en cuanto a nuestra hija…, compartíamos nuestra responsabilidad.

Creo que la colaboración es una forma de complicidad en las decisiones, porque evita que ninguno de los dos se sobrecargue de oficios y actividades. Creemos que ha sido una buena herramienta para mantener las energías en buen estado. Es como darse cuenta, de que tienes que dar al mismo tiempo que recibes.

Lamentablemente, para muchas parejas de hoy, la unión pareciera decaer con el tiempo, porque alguno de los dos, o ambos, no muestran los atributos de valor, consideración y aprecio que cada uno se merece. Pienso que lo mejor es conversar sobre lo que nos gusta y nos disgusta de cada quien; aunque se piensa que al hacerlo pudiéramos ofender o sembrar sombras de dudas. Hemos aprendido, que comunicarnos es lo mejor para evitar las quejas “¿por qué no lo dije? o ¿porque no lo hice?

 En cuanto a que si mi esposo, pareciera único como compañero; no me atrevería afirmarlo; pero, lo que sí creo, es que igualmente he aportado lo suficiente como para estar satisfecha de mis buenas cualidades como compañera. Es importante reconocer que ambos nos demos el permiso de conversar y disfrutar, lo que nos gusta, antes de dar a conocer lo que nos disgusta. Sé de parejas amigas, que a la menor dificultad, ya no se hablan en muchos días, constantemente discuten y descalifican con groserías o se callan las cosas para no afrontarlas. Creo que el amor no se condiciona, se alimenta con pequeños detalles, se aceptan los altos y bajos, porque todo es aprendizaje; la vida es corta para vivir en constante agonía. Cierto que la relación en pareja es compleja; pero también la soledad desgasta e incomoda. Así, que prefiero vivir en pareja. Yo, como mujer puedo crear detalles importantes y disfrutar cada día con acontecimientos oportunos y juntos construir la felicidad familiar”.

 Testimonios como este llenan hoy en día la esperanza de que exista la fuerza del amor en la pareja que puede abrir un mundo de posibilidades para crecer como persona y dar todo lo que es debido. Enfrentar por ejemplo la coexistencia de otra persona que es diferente a la de nuestros orígenes, constituye una hermosa alianza de comprensión y calor humano en la cual se tiene claro que sí, se pueden construir nuevas historias. Recordar por ejemplo instantes de goce, puede frenar el aburrimiento y horas de complicidad pueden evitar también el tedio.

En este sentido, Albisetti (1994) señala, que se debe respetar y compartir los ritmos de crecimiento de los dos; que se tiene que permitir que cada uno evolucione naturalmente al tratar de conocerlo profundamente. Sin imponerse, sin juzgar, sin invadirlo; sin partir de la idea de querer cambiar al otro; es decir, dándonos cuenta que nuestra pareja pertenece a otro sexo, muy diferente del otro. Si consideráramos actitudes como éstas, probablemente, muchos conflictos de pareja no existirían.

La literatura en el área de las actitudes, dice que las personas llegan a conocer sus propias actitudes y sus estados internos a través de la observación de su propia conducta y de las circunstancias en las cuales éstas ocurren. Sostiene que la persona muchas veces subestima su fuerza de cambiar y de crecer, puesto que tienen la creencia de que son impotentes para el cambio. Esta aseveración, es un mito que se cumple a sí misma y que se ha incorporado al sistema de creencia.

Actitudes positivas como las que describe el anterior relato, es característica de la mujer proactiva; es decir aquella mujer, que tiene la capacidad de crear espacios de encuentro con su pareja, la que reflexiona antes de expresar una opinión; la que su manera de pensar, de sentir y de actuar. Esto, le permite construir constantemente su realidad, empoderándose de nuevos significados en función de los cuales se estructuran actitudes y comportamientos mucho más reflexivos.

Es importante aclarar que todo esto depende de cómo nos aceptemos y actuemos con nuestros propios sentimientos, al igual de cómo corregimos nuestros propios desaciertos. De este modo, resultarán completamente posibles todos los cambios que se requieran hacer para mejorar la vida de la pareja.

martes, 10 de diciembre de 2013

"Mi hijo anda con "malas juntas", y su padre lo golpea por ello"

"Soy madre de dos hijos (varón y hembra). Vengo en busca de ayuda porque me siento angustiada, ya que sospecho que mi muchacho de 16 años de edad, anda en malos pasos. Se le ha metido en la cabeza dejar de estudiar para ponerse a trabajar. Sé que es flojo, pero quiero que saque por lo menos el bachillerato. Gracias a Dios la niña es estudiosa.

El problema se acentúa cuando su padre va al liceo y la profesora guía le informa que nuestro hijo tiene toda la semana que no asiste a clase. En esa oportunidad su papá esperó a que llegara a casa en la tarde y sin mediar palabra “le entró a golpes”. Desde ese día, mi hijo dijo que se iría de la casa, que no quería ver a su papá. La situación empeora cada vez que ambos se encuentran por casualidad dentro de la casa. Pienso que su comportamiento se debe a que últimamente anda con unos “amiguitos” que a nosotros no nos gustan, pues están ociosos; no estudian, eso sí, fastidian a los vecinos.  Por más que le decimos sobre los peligros a que se enfrenta, él no escucha. Por el contrario, se resiste a mejorar; por eso su papá lo trata así. Temo que lo golpee de nuevo. No hallamos qué hacer".

Es preciso que como padres conozcamos que la persona desde que nace responde con sensaciones agradables o desagradables frente a su entorno. Cuando el agrado es recurrente, se establece un afecto. Este afecto puede demostrarse con actitudes agradables, como por ejemplo el beso diario, el amor, la caricia; o desagradable como la rabia, tristeza y hostilidad. En el núcleo familiar hay que cultivar día a día el afecto agradable con los cuales se establecerá la mayor armonía posible entre todos sus miembros.
Los niños y adolescentes sometidos a condiciones favorables durante la infancia se identifican con ciertas actitudes que tenderán a expresarlas posteriormente. Este clima será el mediador que permita actitudes y comportamientos más afables, comprensivos y generosos, que ayudarán a subsanar malestares posteriores de la convivencia.
Una familia con ausencia afectiva es frágil a los cambios. Por eso, condicionar el afecto a ciertas respuestas del hijo o hija es sumamente peligroso. Resulta más efectivo hacer de él un acto constante.
Muchas actitudes paternas que manifiestan el abuso y el maltrato impiden el buen funcionamiento familiar. Sus miembros se sienten agredidos, desmotivados, tensos, pesados y reportan constantemente su malestar en este tipo de convivencia. El ejercicio recurrente de acciones que tienden a provocar respuestas afectivas agradables en cada miembro de la familia, es responsabilidad de nosotros como padres.
Por ejemplo, en el caso que nos ocupa, probablemente el hijo desea captar la atención de sus padres. Una manera loable de proceder es conversar y comenzar por perdonar sus errores o porque no nos comprende y decir: “discúlpame hijo por mi comportamiento agresivo cuando te golpeé, no he debido hacerlo; pero no supe qué hacer ante tu irresponsabilidad de no asistir a clases. Tú sabes que te amo, ello mismo me obliga a aplicar una sanción ante tal conducta y tú aceptarla con respeto. Sólo que mi actitud para corregir tu conducta, no debió ser agresiva”.

Haciendo esto el padre logra promover un afecto agradable y éste obliga a mantener el orden y el respeto a la jerarquía familiar. La solución no es buscar quién tiene la razón, la mejor vía para que dos partes en conflicto lleguen a un acuerdo es que uno de ellos tome la iniciativa de hablar, negociar y ceder (dentro de lo posible); crear un espacio donde las dos personas o las dos ideas puedan convivir.
Esta puede ser una de las formas de rescatar a nuestros hijos: asumiendo el rol de persona comprensiva, con deseos de ayudar o sugerir acciones y actitudes más valiosas alejadas de la violencia.
Estudios a nivel internacional demuestran que los adolescentes expuestos a agresiones físicas y verbales reiteradas son perturbados profundamente, por lo cual van conformando una actitud agresiva. De modo que debemos revisar esos sentimientos de constante rebeldía, a fin de que nuestros hijos puedan ser ayudados a controlar esos sentimientos.
Muchos adolescentes en consulta muestran rabia, venganza y otros sentimientos negativos que en ocasiones es reforzada por los padres tratando de manejar el comportamiento, por ejemplo, cuando responden agresivamente a todo lo que se les dice.
Después de todo lo que queremos es que comprendan el porqué de las cosas, ya que razonar con ellos puede moverlos a que cuestionen sus propias opiniones y que el problema sea totalmente distinto. Cuanto más utilicen nuestros hijos su capacidad de razonar, mejor preparados estarán para ser adultos.
Como padres debemos saber observar, escuchar, enjuiciar y saber encaminar una conducta o situación familiar para poder canalizarla. De esta manera ayudamos a nuestros hijos a corregirla, eliminando posibles sospechas infundadas a priori o errores de concepto que puedan estar determinando tal situación conflictiva.
 Si escuchamos a nuestros hijos descubriremos sus verdaderas inquietudes. Por tal razón, sugiero que no enfrentemos a nuestros hijos porque su rebeldía los puede precipitar a tomar el camino equivocado y a no confiar en nosotros, por el contrario es hora de que nos convirtamos en los mejores maestros; aplicando la paciencia, el perdón y la madurez en la familia.

viernes, 6 de diciembre de 2013



“Me fui de casa de mis padres hace 17 años con mi actual pareja porque quedé embarazada, en principio todo fue “rosa”. A los nueve meses nació nuestro primer hijo, inmediatamente me embaracé del segundo y cuatro años después nació el último de nuestros hijos. Comprenderá, que no quedó más opción que “cerrar la fábrica”. De allí que me puse a pensar, que aunque los niños estaban pequeños, era tiempo para sacar mi bachillerato. De sólo pensarlo me sentí “renovada”. Sin embargo, cuando se lo dije a mi pareja me respondió riéndose con sarcasmo: “estás loca, ¿Tú crees, que eso es para ti?" Enseguida sentí como que si me hubiesen desgarrado el alma. Tanto así que le grité y lancé un zapato, lamentablemente no se lo atiné. Dos días después decidí reanudar mis estudios, aunque sabía a lo que me enfrentaba. Cada vez que asistía al instituto me veía obligada a escuchar sus gritos, groserías e insultos. Así fue pasando el tiempo y hoy en día poco se mete conmigo, pareciera que reflexionara. Sin embargo, estoy por creer que ya no lo soporto. Imagínese, ayer llegué de clase y al entrar a casa, él me amenazó con un palo de escoba, y que para que dejara de estudiar. Menos mal que los niños estaban durmiendo, porque me dijo que me iba a matar. Pero no sé cómo me le enfrenté, porque le dije: “bueno chico, aquí estoy, yo iré al cementerio y tú irás a la cárcel”. Ahora dime, “¿con quién van a quedar los niños sin madre y sin padre?”. Entonces, el hombre soltó el palo y llorando me dijo: “Negra, no sé qué me pasa”, y se quedó sentado con lagrimas en los ojos. Aproveché el momento y le dije: “Hasta aquí llegamos. Estás acostumbrado a faltarme el respeto como quieres. Nunca se te ha ocurrido ir a ver donde estudio y menos aún saber el ambiente que me gusta. Por eso ya es hora que terminemos esta situación, me siento agotada siempre lo mismo". Así, que desde ese momento, ese hombre está más tranquilo.”

 Hoy en día la mujer comienza a informarse, a sentir y a pensar mucho más en sus emociones,por esto es muy interesante la descripción de este relato. Nos indica que la mujer de hoy está dispuesta a crecer como persona, a crear condiciones para mejorar y a tomar las riendas de su propia vida; desarrollando la conciencia, favoreciendo la autoestima y valorando la madurez de su ingenio.

 Es imperativo que aquellas mujeres que se encuentren en situación de violencia doméstica- tal como la de este relato-, estén conscientes de que ha habido ausencia de parámetros que frenen la violencia doméstica en su hogar. Saber por ejemplo, que actitudes y comportamientos recurrentes como: el irrespeto, los gritos, las groserías, descalificaciones, los celos, la envidia, el engaño, la privación, la manipulación entre otros; son modos significativos de actuar que deterioran y afectan profundamente el equilibrio psíquico, emocional, moral y espiritual de la persona. Desencadenan sentimientos de incapacidad para dar lo mejor de sí misma, lo cual da como resultado: la aflicción, el desconsuelo, la angustia y desesperanza, esto puede dañar drásticamente la salud de cada miembro en la familia. Por lo general,aunque no en todos los casos, la mujer que vive esta situación tiene unos patrones normalizados de crianza relacionados con características de abuso de autoridad y carencia afectiva; además de actitudes rígidas, agresivas, frías e indiferentes, apáticas o sumisas por parte de sus propios padres. Probablemente, estas mujeres violentadas nunca han escuchado una palabra de aliento. Lo único que seguramente han escuchado son gritos y maltratos.

Pareciera que contar con estatutos legales que ayudan a proteger la violencia doméstica no ha sido suficiente para contrarrestar el flagelo. Importantes estudios realizados previamente con mujeres caraqueñas (Jiménez, 2007), asesorías y orientaciones familiares, confirman que existente una estrecha relación entre las actitudes y las manifestaciones de violencia.

Con base a esto, estoy convencida, que en el fondo hay un aspecto muy personal que promueve a la violencia doméstica y esto tiene mucho que ver con las actitudes que cada miembro de familia adopta en la situación de conflicto. Por tanto, es responsabilidad de cada uno de nosotros saber diferenciar una actitud negativa de una positiva para actuar en consecuencia; además de considerar el apoyo de un cuerpo de legislaciones que condenen dicho flagelo.

martes, 3 de diciembre de 2013

“Mi hijo de diez años hace lo que le da la gana porque mi madre me desautoriza frente a él. El problema se inicia cuando frecuentemente le niego los permisos de salida por no cumplir con sus actividades escolares o cuando lo reprendo por su mal comportamiento. De esto mi madre tiene mucho de culpa porque lo complace en todo lo que quiere, ya que desde pequeño lo ha cuidado mientras salgo a trabajar.
Mi pareja ha querido ayudarme aconsejándolo, pero éste le responde: “no te metas conmigo porque tu no eres mi papá”. Es por esto que mi pareja ha dejado de llamarle la atención por su mal comportamiento. Esta situación se sale de mis manos y no hallo qué hacer”.

Casos como estos continúan incrementándose en los consultorios de asesoramiento familiar. Casos de niñas, niños y adolescentes que se resisten a asumir responsabilidades y donde la desesperación de los padres está a flor de piel.
Podemos observar un manejo inoperante de la posición jerárquica de la adherente (abuela) en el grupo familiar, lo que trae como consecuencia: 
a) Manejo inadecuado del orden jerárquico 
b) ejercicio inapropiado del Binomio Autoridad/Afecto 
c) Aplicación no operativa de premios y castigos y 
d) Comunicación inoperante en el núcleo familiar.

Invitar a la pareja a conversar con la abuela, es un aspecto muy necesario. Puede explicarle, por ejemplo, mediante un lenguaje respetuoso y afable que ella representa un gran valor para toda la familia, y que reconocen el papel tan importante que ha ejercido en el cuidado de su nieto a lo largo de todos estos años. Son palabras muy loables y significativas que reflejan el agradecimiento que le tienen. Mostrarse conforme significa mucho para el adulto mayor. 
Sin embargo, como madre, también tienes que aclarar bien sea a la abuela, abuelo, según sea el caso, que para educar a tu hijo es importante que se unifiquen criterios en cuanto a su educación. 
Igualmente, debes indicarle que su integración en la familia ha sido beneficiosa y que por esta razón cuentan con ella preste su aporte, sin llegar a la sobreprotección del niño o niña, para que aplique las normas, los deberes y responsabilidades que su nieto debe observar hacia la jerarquía familiar. 
Esto evita confusiones para el niño y situaciones problemáticas. Asimismo,los padres deben tener paciencia con la abuela, abuelos, tíos..., es decir, familiares adherentes que pueden mostrar resistencia al cambio de actitud que se requiere. Es importante que estos familiares cumplan la alianza con firmeza y de la mejor manera posible. 
La pareja debe tener claro que los niños, niñas y adolescentes pueden distinguir el orden jerárquico que ocupa cada quien en la familia, y saben lo que está y no está permitido. La pareja debe compartir la responsabilidad al ejercer su rol de padre sustituto, intentando transmitir en el menor, firmeza pero también solidaridad y comprensión. Esto puede hacerse a través de un diálogo fraterno y, el niño(a) debe aceptar dicho compartir. 
Los niños necesitan sentirse atendidos y amados por sus padres, y si ese amor no les llega buscarán hacer cualquier cosa para conseguirlo. De este modo, se evita crear una situación de malestar familiar, entendiendo que esto será a través de un proceso atento y consistente. Es recomendable utilizar el reforzamiento positivo como: elogios, obsequios, buen manejo del permiso para la práctica de actividades extraescolares. Esto eleva la autoestima de los niños y afirma la confianza, hasta lograr la aceptación del padre no biológico por parte del menor.
"Aprendí que cada experiencia docente es una oportunidad para crecer"

"Soy docente en una escuela Básica Nacional desde hace diez años, constantemente participo en todos los cursos y talleres que puedo sobre dificultades de aprendizaje, porque es mi especialización. 
Considero que debo estar en constante actualización para desarrollar estrategias de competencias que ayuden a superar las deficiencias de mis estudiantes. Por esta razón, al inicio del año escolar tengo por costumbre organizar equipos de apoyo conformados por padres y representantes colaboradores. Su única función es mantener una actitud de vigilancia que ayude a conservar en buen estado el salón de clase y algunas áreas específicas (área de lectura y huerto escolar). 
Ahora bien, desarrollar este tipo de planificación me ha traído encuentros desagradables con la directora de la institución, quien dice: “que ando detrás de su cargo”. Esto, ya que algunos colegas de otros salones y miembros de la comunidad frecuentemente piden mi ayuda para resolver de alguna forma dificultades que les aquejan. Por esta razón la directora mantiene una actitud poco receptiva. Algunos miembros de la comunidad se quejan porque ella no da importancia a sus opiniones. Dicen: “se encierra con un grupito de maestros y se hace la vista gorda”. Esto les preocupa, pues no hayan como salir de problemas que tiene la institución (baños en mal estado, techos y paredes de salones deteriorados, entre otros), por lo que no saben qué hacer. De modo que sugerí que buscaran la mejor manera de plantear sus problemas y encontrar alternativas de solución. Sin embargo, a medida que transcurre el tiempo, el clima institucional tiende hacerse pesado y ello se aprecia en los miembros de la comunidad y en los colegas. Por tal razón, me gustaría saber ¿Qué estrategias podemos tomar para restituir un clima de paz y convivencia?"

El relato describe una relación laboral en el área educativa, donde se asume que cada docente tiene por su formación ética una serie de valores considerados básicos dentro de su perfil. Los docentes requieren de la capacidad para valorar, gerenciar y comprender cuándo ciertas actitudes pueden afectar a los integrantes de una institución. 
Aunque es bueno saber que los valores de convivencia no coexisten por igual en mucha gente, pues no se imponen, sino que nacen de la propia persona. Por ejemplo, el sentido de responsabilidad, honestidad y consideración deben surgir espontáneamente.
La agresión en el mundo de la persona adulta, desafortunadamente se produce con frecuencia en el ámbito laboral y profesional, porque en este ámbito se expresan esos sentimientos negativos y no muy bien reconocidos del ser humano, como son los celos, la competencia desleal, la ambición…, que generan la falsa creencia de que a través de ellos se puede lograr la superación personal. Es decir, se piensa que a través de actitudes egoístas pueden alcanzar el éxito profesional.
La agresividad como emoción espontánea en todos los seres humanos necesita ser educada. Si se maneja con moderación, esta puede expresarse de modo productivo, ya que puede ser útil cuando superamos dificultades o protegernos del peligro. Sin embargo, en este relato podemos observar cómo la agresividad puede producir la intención, por parte de quien la sufre, de ocasionar daño. Las personas que mantienen actitudes agresivas no sólo se dañan a sí mismas, sino también a todos los que la rodean. De hecho hacen difíciles las relaciones interpersonales.
Una posible estrategia, puede ser que la maestra transforme la vivencia, como una oportunidad para crecer -tanto ella como su colega-, en lugar de aumentar la frustración ya existente. 
Ello evitaría formar una cadena o ciclos de conductas agresivas. Es importante, en este caso, que la maestra reconozca que las buenas relaciones entre colegas están en procurar hablar en privado con aquellos que tienen actitudes disruptivas y así resolver los malos entendidos. 
Un ejemplo sería decir: “Directora, me gustaría saber qué pasa con nuestra relación; me siento incómoda y es bueno saber lo que sucede”. Esta disposición positiva, ayuda a mantener una comunicación clara y de respeto entre las docentes o miembros del entorno laboral. El sólo acto de saber escuchar y tratar de ver el punto de vista de su colega abre enormes posibilidades de entender lo que está pasando. Así contribuye a que la directora cambie de actitud y mejore las relaciones con todos los miembros de la comunidad escolar. 
Una herramienta importante, para que otros nos acepten, es mostrar un interés personal que nos acerque más mutuamente. Propiciar empatía es la actitud que nos capacita para entender el pensamiento del otro, porque juega un importante papel en los sentimientos. Esta es la manera más adecuada de educar y crear conciencia para que la persona y ,especialmente el estudiante, asimile ideas, lecciones, emociones y sensatez al saber distinguir los patrones constructivos a lo largo de su vida. Sólo así la paz y la convivencia serán posibles en la comunidad escolar.

martes, 26 de noviembre de 2013









Hace dos años tuve que trasladarme a otra ciudad para trabajar sobre un nuevo proyecto de ingeniería. Esta situación me llevó mucho más tiempo de lo esperado y viajaba a mi hogar al principio semanalmente, pero luego tuve que hacerlo mensualmente. Me sentía molesto, pues me hacía falta el calor de mi hogar, aunque mi esposa y yo nos comunicábamos a diario. No me gustaba la situación. Así, fueron pasando los días. Llamaba y a veces ella no contestaba y sentía que algo no estaba funcionando bien. Cuando le reclamaba decía que en su celular no aparecían las llamadas y que más bien ella llamaba siempre y la secretaría decía que no estaba cerca, sino en campo trabajando. 
Al cabo de tres 3 meses comencé a sentirla como ausente; aunque sí me preguntaba frecuentemente que cuándo terminaría con ese trabajo. Yo le informaba que pronto. Ella, por su parte decía que estaba molesta, pero que "bueno, que se va hacer". Sinceramente estaba desconcertado, pues en cinco años de matrimonio no comprendía su forma de actuar. Por estas razones pedí permiso a mi jefe para visitarla y saber qué es lo que pasaba. De tanto insistir y en no creer sus argumentos,  me confesó que ella se sentía sola, que se aburría en casa y que se inscribió en un gimnasio para hacer algo diferente, pero que en ese ínterin se encontró con su primer novio.
Éste la invitó a recordar momentos muy agradables y se sintió de nuevo atraída por él. Él le dijo que no se había casado ni tenía una relación seria porque siempre la recordaba. 
Comprenderá cómo me sentí, parecía que estaba hablando con una extraña irresponsable. Ella me aseguró que no hubo intimidad, lloró, me dijo miles de cosas para que no me angustiara. Me pidió perdón, que por favor le creyera que todo había sido un error. Le manifesté que me había engañado, que estaba decepcionado de ella. 
Esto me tiene muy confundido. La cuestión es que yo la sigo amando y ella dice que también; quiero salvar mi matrimonio y no sé cómo lograrlo, puesto, que siento muchos celos.

Por lo general, los celos producen, un estado de alerta y desconfianza permanente, pues la duda y la angustia son compañeros inseparables. Esta situación tiene relación con el apego y el sentido de pertenencia que algunos tienen hacia otras personas; porque en tanto haya un vínculo emocional, existirá en estos casos el miedo a la pérdida. 
Así, se acumulan tensiones, insatisfacciones, que al final provocan el más completo deterioro, tanto para sí mismo como para todos los miembros involucrados, dando como resultado: inseguridad, desconfianza y bajo nivel de autoestima. Estar siempre alertas y en frecuente sospecha de infidelidad puede afectar drásticamente la salud y arruinar la calidad de vida familiar.
Lo ideal es que, después de una profunda revisión a conciencia, ambos muestren honestidad; conversen sinceramente y actúen en consecuencia. Saber que la comunicación es la base fundamental para el bienestar del grupo familiar es esencial. Las dificultades y diferencias, que se dan en la pareja, necesitan conversarse en un clima de respeto y afecto mutuo. Si esa comunicación se da de manera continua, teniendo como meta el bienestar de la pareja y de los hijos, habrá posibilidades de vivir en armonía. 
Muchos conflictos y discordias son más el resultado de lo que piensa el uno del otro, que lo que el otro hace y al no haber diálogo se van acumulando tensiones, desconfianza y frustraciones, que conducen a la separación.
Algunos psicólogos señalan que después de una infidelidad no es siempre recomendable que intenten de nuevo la relación, porque hay ocasiones en que los sentimientos siguen heridos, a pesar de los esfuerzos que se hagan. 
Lo importante es evaluar la relación personal que tiene cada quien con su pareja de una forma auténtica y basada en la comunicación. 





El conflicto se inicia “cuando recibo de mi hija de 9 años la notificación de su maestra de cuarto grado, señalándome que necesitaba hablar conmigo sobre el bajo rendimiento que ésta reportaba en su segundo lapso. Extrañada por la citación,  pregunté a la niña qué sucedía. Ella me respondió llorando y con rabia, que yo tenía la culpa de que su papá se haya divorciado de mí y la haya dejado a ella sola. Por lo que no quise molestarla más, y la dejé que se tranquilizara. Al día siguiente asistí al llamado de la maestra. Ella me informó que había notado desde hace varios días un cambio en el carácter de la niña. Me dijo que a la hora del recreo quiere quedarse sola dentro del salón de clase, no presenta las actividades recomendadas y la ve como ausente; sin ningún interés por lo que hace. Por tal razón, la maestra me preguntó si ella estaba pasando por alguna situación familiar desagradable, ya que su primer lapso fue muy satisfactorio. Mostraba entusiasmo y buena comunicación, tanto con ella como con sus compañeros de clase. Le informé a la maestra que hace pocos días el abogado me notificó que, al fin, había salido el divorcio esperado desde hace 3 años y que mi ex pareja ya lo sabía, pero que en ningún momento se había comunicado conmigo para hablar  con nuestra hija sobre el tema. Es más, le comenté que teníamos un par de meses que no sabíamos de él". 

En este caso existe un manejo inapropiado del rol de padres operativos ante la problemática del divorcio, debido a la ausencia de una comunicación asertiva con la niña para ponerla al tanto de la situación.


Se sugirió a la madre que invitara al padre de su hija a la consulta, a fin de dialogar respecto a la experiencia por la cual estaba pasando la niña. 
Hay que saber que las circunstancias que atravesaba eran para ella dolorosas, y este cambio de actitud es una de las formas de expresar sus sentimientos. Sin embargo, debían hacerle entender que a veces el divorcio es necesario y puede ser la mejor alternativa, aunque a ella le resulte difícil de aceptar. 
Los padres deben saber que algunas separaciones, por su carácter inesperado o violento, ocasionan resentimiento mutuo entre ellos y perjudican a todos los integrantes de la familia. Es importante asumirlo responsablemente, procurando que afecte lo menos posible a los niños, y tratar de lograr acuerdos básicos que los beneficie. 
En estos casos el amor y preocupación hacia los hijos deben ser constantes, más aún si de por medio ya están divorciados. Por tal razón las visitas, por ejemplo, son una gran ayuda. Éstas convienen que sean frecuentes y puntuales. Si en algún momento el padre o la madre no puede cumplir con la cita, debe informarle a los niños, pues la ausencia injustificada les crea desconfianza y malestar. Asimismo, el contacto con la maestra y pediatra debe ser preocupación constante de cada uno. Es necesario equilibrar estas responsabilidades. Las llamadas telefónicas, cartas, regalos, paseos, juegos y afecto de todo tipo, contribuyen a fomentar un clima psicológico lleno de bienestar  y fortalece una relación aún más cercana entre los padres y los hijos.


martes, 19 de noviembre de 2013



"Soy madre de dos hermosas nenas, una de dos años y otra de cuatro años de edad. Me angustio cuando mi hija menor frecuentemente golpea a su hermana mayor, y ésta siempre se va en llanto. Esto pareciera que lo disfrutara. Cada vez que la niña menor abusa de su hermana la reprendo fuertemente y muchas veces hasta le doy nalgadas; aunque esto me desagrada, pero ya no encuentro como tratarla para que entienda que tiene que respetar a su hermana.
Lo que me preocupa en sí, es que la niña pareciera no importarle, porque sigue con la misma actitud agresiva hacia su hermana cada vez que inician un juego. Por esta razón necesito estrategias para que mejoren las relaciones entre ellas".


Primero que nada es importante que la madre o el padre intente relajarse para que baje sus niveles de angustia y pueda orientar a sus hijas con eficacia. Ellos necesitan saber que el castigo que utilizaba con la niña menor no es recomendable, porque al dar nalgadas a la niña envía un mensaje agresor que es totalmente contradictorio con lo que quiere transmitir. La niña menor no entenderá cómo es que no debe pegarle a la hermana si su madre le pega a ella. Además cuando utiliza la misma técnica de la nalgada - que ya no hace efecto-; la niña podría utilizar esta situación como una forma de captar atención y de tener a la madre a su disposición. 

Es necesario actuar entonces, con un alto sentido de responsabilidad, amor, firmeza y  serenidad. Decir a la pequeña que a su hermana le duele lo que le hace, y hacer gestos de dolor, para que la niña identifique la emoción. Asimismo, explicarle que no tiene permiso de pegarle, que a ella le molesta mucho lo que le hace a su hermana. Seguro que mediante estas advertencias, la niña entenderá que no debe seguir actuando de la misma manera con su hermana, sobre todo si los padres son perseverantes con este tipo de educación.

"Todo se inicia hace 8 meses, cuando mi esposo muere. Siento una sensación de soledad y tristeza. Esto es demasiado para mí: no puedo enfrentar esta carga sola. Mis hijos de 9, 12 y 14 años de edad, no colaboran en nada. Quieren que se les haga todo. Mi esposo se ocupaba de todo, marcaba la pauta, y yo me quedaba haciendo los quehaceres en mi casa. Los muchachos llegaban de la escuela y cada quien se comportaba “derechito”, porque su padre era fuerte de carácter, y había orden.  Desde que él murió todo ha sido un desastre. No encuentro apoyo. Ellos llegan de la escuela; ven TV toda la tarde y yo debo andar siempre con “cara de cañón”, para que cumplan con sus tareas y colaboren con la casa. No sé, como hacerles entender que ahora es diferente. Ellos me agotan, tengo que gritarles para todo, y para colmo no hacen caso”.

Podemos ver, cómo esta mujer-madre, manifiesta un alto nivel de fragilidad e inestabilidad  marcado por un estado de minusvalía y dependencia. La muerte de un ser querido es una de las cosas más difíciles de soportar y cada quien lo asume de modo diferente. Por eso, debe dar tiempo a su dolor y entregarse a cuidados físicos y afectivos para lograr recuperar un poco de su autoestima. Puede funcionar intentar recordar junto a sus hijos, momentos gratificantes del rol de aquél ser querido que fue pareja y padre. Al usar el recuerdo se da paso a lo ocurrido para superar aquella situación. Esto es bueno porque juntos experimentarán sus propios valores y fortalecerán vínculos familiares necesarios para sobrellevar el dolor.

La fragilidad de una persona se encuentra incorporada en su carácter; probablemente, la crianza que tuvo esta madre fue propiciada por un contexto social en el que todavía la mujer ocupa un lugar secundario marcado por la subordinación. Ella lo reconoce cuando dice “que le hace falta su esposo”, para poder asumir su vida con responsabilidad. Quizás ella posee un concepto de amor romántico equivocado, con su carga de altruismo, sacrificio, abnegación y entrega que se enseña a la mujer desde que nace a través de múltiples canales. Esto hace mucho daño a su integridad porque favorece actitudes negativas de indefensión. Por eso se siente atrapada en su propia red. Se cree incapaz de comunicar a sus hijos fortaleza y vitalidad tal como lo hacia el padre. Y esto, a su vez le impide superar el conflicto de las demandas no atendidas en su infancia y los deseos oprimidos en su etapa adulta.

 Esta situación, en todas sus variaciones, conduce a la inoperatividad en la dirigencia familiar, a un manejo inadecuado de los hijos y a la presencia frecuente de una comunicación poco afectiva y efectiva con los integrantes de su núcleo familiar.

Así que es recomendable a aquellos que viven situaciones similares tomar en cuenta las siguientes sugerencias: 

a) Es importante realizar ejercicios de relajación para reducir las tensiones cotidianas y fortalecer su seguridad y confianza, de tal modo que pueda desarrollar la capacidad de tolerar las frustraciones. Estos ejercicios pueden consistir simplemente en tomarse un espacio entre sus actividades para relajar la mente a través de la respiración.

 b) Existen diferencias individuales entre los deberes y compromisos que hay que considerar en cada uno de sus hijos. Ya que cada uno de ellos es diferente, es recomendable darle tareas que se ajusten a sus intereses sin generar en ellos aversión por las labores de la casa.

c) También es importante apropiarse de su situación y comprender que debe desempeñar con claridad el binomio autoridad/ afecto, de modo equilibrado, a fin de lograr estabilidad entre los límites y el afecto. Esto se puede lograr a través del beso diario, la acaricia, la palabra afable, el otorgamiento de premios, la aplicación operativa del castigo, compartir el sufrimiento y pedir disculpas. Esto permite una respuesta al marcar la autoridad y el amor entre padres e hijos.

 d) Buscar orientación en especialistas que permitan el trabajo en equipo con todos los miembros de la familia con técnicas asertivas de comunicación, metáforas y juegos, para involucrarlos a todos, a fin de que manejen mejor sus sentimientos y emociones; además de que cada quien asuma responsabilidades de comprender que cada uno de ellos es parte de la solución a los problemas.

e) Los padres deben estar atentos a su entorno relacional respecto a sus hijos. Deben saber que cuando se comunica a través de palabras, gestos y actitudes se percibe el lenguaje de nuestro cuerpo, lo cual crea ambientes llenos de tranquilidad y bienestar en las relaciones interpersonales.


martes, 12 de noviembre de 2013



María Mercedes Jiménez de Czwienczek
Orientadora Familiar y de Pareja

Centro profesional del Este. Sabana Grande.
Caracas, Venezuela.
Atención Previa Cita (Sólo los Sábados)

Teléfonos:
0416 9151358




María Mercedes Jiménez de Czwienczek

Educadora egresada de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez.
Maestría en Orientación en Educación para Padres.
Docencia en salud.
Docente de la Escuela Básica "Andrés Bello" .
Orientadora familiar en la Liga Venezolana de Higiene Mental.
Participante y ponente en congresos nacionales e internacionales con temas
de comunicación familiar, lenguaje corporal, recursos cognitivos para generar conductas agradables en el entorno familiar.

Miembro de la Asociación de Orientadores Familiares de Venezuela
(ASOFAM).

Gran experiencia profesional en el área de asesoría y orientación para padres, parejas, niños
y adolescentes.
¿Cómo es que la indiferencia del padre afecta tanto el comportamiento de mi hijo?

Hace dos años me divorcie del padre de mi hijo, aunque quedamos de mutuo acuerdo a tratarnos lo mejor posible en la relación. Se aclaró, que él se encargaría de llevarse al niño cada 15 días para compartir con él. Sin embargo, esto no ha funcionado, ya que mi hijo regresa frecuentemente de mal humor, porque dice que su papá, se divierte con sus amigos echando chistes, y lo deja mucho tiempo sólo y se aburre en el parque, por tal razón, no quiere quedarse más con su papá. Esta situación me preocupa. Tanto es así, que cuando se acerca el día que su papá debe venir a buscarlo, mi hijo llora e insiste en no querer verlo. Esto me ha traído mucho malestar con el padre, ya que dice, que todo lo que pasa con el niño es culpa mía. 

Precisamente, esto fue una de las causas por lo cual me divorcie, pues, estaba cansada de “aguantar la constante soledad”. En los 9 años de casados; nos mostraba poco amor, todo era con sus amigos; no gustaba de estar con su familia, aunque nunca ha dejado de darme la mensualidad del niño. A pesar de que mi hijo frecuentemente está molesto con su padre; es un buen niño; acata mis órdenes y es responsable en la escuela, donde lo quieren mucho. Yo trato de darle mucho amor, me gusta estar presente en sus actividades extraescolares, cosa que su papá, dice no tener tiempo. Sus abuelos, lo quieren mucho; esto hace que mantengamos una buena relación.


Podemos apreciar que el manejo no operativo del Binomio Autoridad/afecto, por parte del padre trae como consecuencia entre otras cosas:
  1. Manejo inadecuado del rol de padre, 
  2. Manejo inadecuado de la situación de divorcio
  3. Una comunicación poco efectiva y afectiva. 


En este sentido, es importante invitar al padre a reflexionar, sobre la carencia de afecto hacia su hijo y las posibles secuelas emocionales que podrían traer graves consecuencias para su desarrollo. 

¿Cómo podemos abordar esta situación? 

Busqué dedicarle a mi hijo espacios afectivos, como por ejemplo, asistir a sus actividades extraescolares; lo cual siempre es necesario. Esto es importante pues ello fortalece la confianza y seguridad en el niño y lima las asperezas en sus relaciones. El ejercicio constante de acciones que tienden a provocar respuestas agradables en los miembros de la familia es una responsabilidad primaria de los padres, lo que fomenta un clima de armonía y cordialidad entre sus integrantes. Las frecuentes salidas y paseos anhelados por nuestros hijos, responden a esa conexión intima de los afectos, sentimientos y necesidades más preciadas que desea toda persona. 




lunes, 28 de octubre de 2013


Presento este libro con el objeto de aportar soluciones a situaciones que se nos presentan en las relaciones interpersonales que trabajamos en nuestra vida cotidiana. Basados en la idea de que nuestras actitudes son capaces de modificar nuestro entorno y cómo el Otro nos observa e interactua con nosotros, me he planteado presentar varios casos ilustrativos de mis investigaciones con el fin de que cada persona aborde su propia situación y sus circunstancias para llevarlas a un desenlace positivo. De allí el término "Si yo estoy bien, tú estás bien" pues se refiere a esa conexión íntima que se tiene con el otro.

Para lograr estos resultados positivos, la persona tiene que razonar y mostrar respeto, atención, consideración y empatía con base en el afecto -tanto para consigo mismo como para con los demás-. Esta situación, vista como proceso da como resultado ambientes mucho más ricos, llenos de bienestar. Así se ha llegado a encontrar cómo el proceso empático facilita el reconocimiento propio y el reconocimiento del otro.

En este sentido Goleman, en su libro Inteligencia Social (2006) dice que: “expresar empatía a los demás, conlleva a la conexión íntima de los afectos, deseos, sentimientos y necesidades más profundas, lo que hace doblegar el orgullo y la jactancia, que invalida toda cosa buena que está muy dentro de nosotros”. Por eso, si manejamos esta visión existencial “Si yo estoy bien, tú estás bien, aunada a la popular premisa “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”, no seremos víctimas ni victimarios, porque fomentaremos actitudes de seguridad y bienestar emocional y social.

Esto puede considerarse como valor agregado para nuestra salud y bienestar, ya que al generar actitudes positivas, buscamos el fortalecimiento de nuestra vida y nuestro entorno. 

Ahora bien. ¿Cómo es posible que nuestra propia actitud predisponga a otros a tratarnos de una u otra forma? Bien, durante años de experiencia en el área de asesoramiento, orientación familiar e investigaciones recientes, he podido percibir que muchos de los miembros de familias en conflicto están distanciados de sus propias reacciones frente a ciertos eventos que acontecen entre sus seres queridos, y aún más de su entorno, cuestión que afecta la estabilidad psíquica, moral, emocional y espiritual de cada integrante de la familia. 

En el libro se muestran historias contadas por sus propios actores para ilustrarnos situaciones que cualquiera de nosotros puede o pudo haber vivido en algún momento. 

El caso de la hija menospreciada

 Se trata de una familia monogámica de padres biológicos donde la madre solicita ayuda debido a que manifiesta, que en el hogar hay  conflictos de relación padre/ hija, que ha lesionado profundamente a todos los miembros del grupo familiar. La madre reporta, que esta situación la ha  generado su esposo, debido a la actitud “necia y estúpida”, de no terminar de entender “que las hijas son completamente diferentes una de otra”.

Dice la madre, que el conflicto se inicia, cuando la hija menor de la familia, reprueba matemática, y por esto no podrá graduarse de bachiller. El padre al saber la situación, la reprende duramente, delante de todos, gritándole “que era bruta y retraída”, que lo tenía decepcionado. 

Este modo de tratarla ocurre cada vez que la adolescente trae alguna calificación o se equivoca en algo. Reporta la madre, que esta actitud “testaruda”, ha afectado mucho a su hija, ya que desde ese día mantiene una actitud errática, como de abandono hacia sí misma, hasta el punto que debe obligarla para que vaya al instituto; se encierra en su cuarto y dice que no quiere ir. El padre, ha hecho caso omiso de la situación, de ahí la preocupación de la madre, por no saber qué hacer. Se puede apreciar en este caso, como la privación o negación afectiva en sus distintas formas, la ausencia de diálogo claro; el predominio de los celos, la autoridad mal entendida; la subestimación del otro, la ausencia de atención, los  abusos de todo tipo y el maltrato; ha hecho estragos en lo más profundo de los sentimientos de esta adolescente, lo cual anula el sentido de pertenencia y la posibilidad de enmendar actitudes indeseables. 

Se puede apreciar que existe un manejo no operativo del binomio Autoridad/Afecto por parte del padre; quien cae en el “autoritarismo” al presionar constantemente a UM para que mejore sus calificaciones; ya que si estas son bajas manifiesta no quererla con demostraciones de afectos desagradables. En este sentido, el padre condiciona el afecto y esto atenta contra la personalidad y desarrollo de la capacidad de tolerar  frustraciones; además de desencadenar grandes conflictos tanto en lo personal, familiar y social; ya que podemos llegar a formar adolescentes con actitudes sumisas, tímidas, inseguros, evasivos, malcriados y escapistas. Inhibidores sociales, que para muchos es un obstáculo que impide concretar sus objetivos y alcanzar con éxito lo deseado; aunque para otros, es un rasgo permanente de su carácter. 

Para la psicología, lo retraído o tímido, es un factor que inhibe socialmente, suele tener su origen en un bajo nivel de autoestimación. Se manifiesta internamente como una sensación de inseguridad y vergüenza, y se expresa a través de la incomunicación que obstaculiza el desarrollo de las habilidades interpersonales. Los  inhibidores sociales “matan” la confianza personal, por lo general sobrevaloran y temen la opinión de los demás. Por esta razón, los padres  están obligados a estar  atentos y expresar su afecto a todos por igual a través de caricias, elogios y abrazos, una palabra generosa; esto brinda seguridad y estabilidad en las hijas e hijos, incurrir en no ejercer operativamente estos principios; refuerza la actitud inestable de la adolescente y a todos los miembros del núcleo, causando daño a su autoestima y malestar a toda la familia. 

Así, vemos ausencia de  diálogo, debido a que el padre como emisor le envía a la adolescente UM, mensajes reforzadores de agresividad verbal y no verbal, lo que afecta las buenas relaciones entre sus miembros. Por el contrario, la madre brinda la mayor comprensión cuando comunica de manera funcional y ofrece apoyo mediante frases consoladoras, como: “sé que tu puedes si practicas y te lo propones” o “sabes que te amo, pases o no matemática, eso, no cambiará”; lo que indica que tiene una posición más justa y clara sobre sus sentimientos. La madre dice, que: “actualmente las discusiones y críticas entre la pareja, ha ido en incremento, lo que ha llegado a incidir negativamente en el encuentro sexual a tal punto que cuando él, llega del trabajo ni siquiera nos saludamos”. La madre manifiesta que: “lo malo de todo esto es que cada día que pasa nuestra relación es más fría y se empaña aún más”, “pero…, pareciera que a él, no le importara…”, “amanece y cada quien por su lado

Se aprecia, cómo una actitud negativa, fomenta la desigualdad entre las hijas, debido al manejo inadecuado de la adolescencia, a la aplicación no operativa de premios y castigos, a una comunicación inoperante, a una ausencia en el orden jerárquico y un  desconocimiento del rol de padre operativo. 

De manera que el curso de la sesión se orientó como sigue: En la primera sesión, se invito a la madre y al padre a conocer y ejercitar constantemente el Binomio Autoridad/Afecto; es decir, buscar el equilibrio, mediante su buen manejo y no caer en el autoritarismo; esto significa, darse cuenta, que la autoridad, es el derecho que se otorga a los padres, con fundamento para ejercerlo, no se negocia; sin embargo, hay que tener cuidado con el abuso o establecimiento de preferencias dentro de los miembros de la familia. El favoritismo, el chantaje y la contradicción son actitudes negativas que inhiben la confianza y fomentan la desigualdad, porque lesiona los sentimientos de la persona. Se aclaró, que si alguien de la familia mereciera ser premiada y otra no, puede hacerse; aunque ello no significa intimidar a la otra; sino que es haber ganado mérito por cumplimiento de su deber. Asimismo, en la familia hay que promover actitudes agradables de afecto (amor, cariño, cordialidad, etc.) con regularidad que eviten promover actitudes desagradables (antipatía, rabia, tristeza, odio…)  para lograr un clima de comprensión. 

Esto, permite una respuesta de amor, respeto, consideración y una clara comunicación entre padres e hijos, lo cual hará que el grupo familiar establezca seguridad, respecto a sus emociones. Condicionar o limitar el afecto es sumamente peligroso. Por eso, debemos evitar decir por ejemplo: “Si pasas matemática te querré más”. Ello acorrala la confianza. A cada hija o hijo se quiere por lo que es, porque tiene el derecho de amar y ser amado. El afecto se construye y se alimenta día a día para mantenerlo. Por tanto, papá y mamá, les corresponde entonces decir, por ejemplo: “Tú sabes que te amo, por eso quiero el bien para ti; ello me obliga aplicar una sanción ante la actitud y comportamiento que tienes”. “Esto no quiere decir que no te ame, si te comportas mal, sólo que debo asumir mi responsabilidad y tú debes aceptarlo con respeto. 
Aquí, se muestra afecto y no abuso; lo cual obliga a mantener el orden y la disciplina familiar con claridad; lo cual fue interesante para lograr modificar la actitud, calificada por su esposa de: “necia y estúpida” del padre, en el motivo de consulta
Las hijas e hijos que reciben constantes regaños se sentirán cohibidos, tristes y humillados o desobedecerán ante tanta impunidad, reforzando actitudes déspotas y siendo aún más transgresores. Los progenitores están dados a conocer los cambios biopsicosociales de la adolescencia como parte del desarrollo natural del ser humano.

 Estar conscientes de que todos pasamos por esa etapa y que necesitamos demostrar afecto de muchas maneras (respetar gustos, intereses, escucharlos, darles el trato amable que se merecen, darle importancia a sus vivencias y a sus necesidades, etc.), es decir, dar el espacio emocional esperado.

Para que un adolescente proceda de manera comprometida, precisa detectar todos los aspectos necesarios de cada vivencia y no sólo los que le competen. Asimismo, estar consciente de los  puntos de vista de las demás personas, de tal modo, que la toma de decisión que haga esté influido por las necesidades, derechos y responsabilidades de todos los implicados. 

Saber que los adolescentes frecuentemente cambian su vocabulario, su forma de ser para expresar su independencia y que muchos, se distancian de sus padres; son requisitos primordiales para estar atentos a la reciprocidad. Por eso, es necesaria una actitud comprensiva, cordial y abierta a los cambios, lo cual depende del bienestar biopsicosocial, moral y espiritual en todas las etapas de desarrollo; lo que significa, tener cuidado con el abuso o establecimiento de preferencias dentro de los miembros de la familia. 

Como Orientadora familiar estas experiencias son de vital importancia, porque gracias a ella, nos damos cuenta, que cada quien determina sus propios rasgos de personalidad y se ubica de manera relacional con respecto al todo social, en gran parte de sus propósitos y valores. Lo cual confirma, la premisa de la teoría social cognitiva, cuando dice que en el contexto social en el que viven y se desarrollan las personas es determinante en la formación de actitudes y conductas, en este sentido papá y mamá son agentes significativos de socialización para sus hijos e hijas y el ambiente del hogar es el primer ambiente propicio para: observar, experimentar, conocer, y aprender ejemplos de amor, fraternidad; que fortalezcan vínculos de las primeras relaciones interpersonales. De ahí que una orientación afectiva desde temprana edad, es particularmente esencial, porque refuerza potencialidades con características más humanas.
Por tanto, cada día me convenzo más de que las actitudes influyen de algún modo, porque  tienen el poder de transformar nuestras vidas, ya sea  para bien o para mal.  Puede pensarse que al darnos cuenta y saber dirigir nuestras impresiones de manera más apropiada, probablemente las relaciones con nuestros semejantes, sean más satisfactorias, por cuanto, el significado de nuestras experiencias se tornará mucho más grato, pudiendo entonces, disfrutar de nuestro bienestar.
Se sabe que la persona al no estar sana en su integralidad, mantiene una actitud testaruda, antisocial, conflictiva, egoísta e infeliz, y le cuesta desarrollar sentimientos de sensibilidad humana. Lamentablemente, estas actitudes negativas,son el resultado de experiencias personales, que la dominan y no han sido superadas.

Si yo estoy bien, tú estás bien.
Es así, como desde la perspectiva de la psicología social, se estudia la actitud de los seres humanos para predecir las posibles conductas. Por ejemplo, cuando observamos la actitud de una persona, es posible prever su modo de reaccionar, lo que significa que cuando alguien adopta, una actitud agresiva o defensiva, se predispone de una manera particular ante las interacciones. Por tanto, la actitud cumple diversas funciones en la vida social, de ahí que estas sean una motivación social, más que una motivación biológica, que permite adaptarnos mejor al entorno en un intento por minimizar los conflictos. Es bueno saber que una misma situación la podemos afrontar, de una manera muy distinta según la forma como elijamos manejarla. 
En consecuencia, si queremos modificar actitudes que no van de acuerdo con lo que deseamos, es importante que diferenciemos una actitud positiva de  actitud negativa. La actitud positiva, es aquella que contribuye o colabora, con el buen comportamiento de la persona para enfrentar la realidad de una manera más sana y efectiva; por el contrario, la actitud negativa, es aquella forma de responder que dificulta las relaciones con los demás. Esto significa, entonces, que en el fondo hay un aspecto muy personal que promueve la actitud, sea esta positiva o negativa, lo cual genera ambientes agradables o desagradables, con la familia, la pareja, los amigos, el medio laboral, político y social.
Ahora bien, esta posición existencial“si yo estoy bien, tú estás bien”, está inspirada en la teoría de Análisis Transaccional de Eric Berne (1976), científico en el campo de la psicoterapia, quien es señalado como el cirujano de la psiquis humana. Su teoría, permite comprender, por qué actuamos de una manera determinada y cómo provocamos en los demás una reacción dada.  Esta reacción no sólo nos hace conocernos a nosotros mismos, sino que nos hace reflexionar y darnos cuenta de que esas distintas maneras de sentir pueden ser orientadas de la mejor manera posible,  para que funcionen a nuestro favor, en cada momento particular y social de nuestra vida. Dice, que la persona desde que nace, es fundamentalmente relacional, y que de hecho necesita ser educada con una relación de amor desde su familia -ámbito perfecto, para dar seguridad y bienestar-, si se proporciona a los hijos la oportunidad de dar apoyo, de ser escuchados y reconocidos.
Cuando la persona desde su infancia se sitúa en estas condiciones, se le facilita el acceso a los logros y a su autorrealización. Esta teoría, se concentra en las interacciones de unas personas con otras y en el cambio de estas interacciones para la solución de problemas emocionales. Todos tenemos un cierto potencial humano que podemos desarrollar generando actitudes comprensivas y valiosas, que sirven para enfrentarnos a todos los estímulos ambientales, sin importar cuan difíciles sean éstos, porque somos responsables de nuestra propia vida para actuar a través de nuestras propias decisiones.
De modo, que es interesante, saber que las historias descritas en el libro “Si yo estoy bien, tú estás bien, aunado a la popular premisa: “no hagas a nadie, lo que no quieres que te hagan a ti”, surge de la necesidad de ayudar a todas aquellas personas que al compartir sus experiencias personales conmigo, buscaban la mejor manera de afrontar sus dificultades personales, por tanto agradezco a todas aquellas personas que depositaron en mí toda su confianza  al narrar sus propias historias y que hoy en día enriquecen a este libro. 

Se encontrará también en el libro testimonios de mujeres, madres, sometidas a violencia doméstica y las actitudes, y de cómo estas, afectaban profundamente el comportamiento de los hijos e hijas. Asimismo, el rendimiento escolar de muchos de mis estudiantes, que para esa época estuvieron involucrados en dicha experiencia. 



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